Libretos tablas
Premios y eventos Ediciones Alarcos Revista Tablas Nuestra sede

Yo fumo Marlboro:
Un acto muy corto, casi un suspiro

Abelardo Estorino
 

La escena muy simple: muebles de caoba, tallados, dan la imagen de una casa de principios del siglo xx. Una cómoda o secreter se destaca por su belleza.

 

Machi. Tanto y tanto cuento y estoy al morir del cuento. ¡Sola! En este caserón que no se ha caído gracias a mí. (Suena el teléfono.) Diga. No, está equivocado, aquí no es el baile. Siempre equivocados. (Se burla.) Perdone, ha sido un error. Y un error y otro error y otro. Y me paso la vida contestando el teléfono por errores. Y para colmo sin cigarros. (Llama.) ¡Cuca! (Entra Cuca.) ¿Tú has visto una cajetilla que dejé aquí?

Cuca.  Yo los cigarros ni los huelo. (Se va.)

Machi.  ¡Maldito vicio que me consumes! Y sólo tú me calmas. Porque todo lo demás se fue a bolina. Alguien lo dijo y no por mí, lo dijo... bueno, lo dijo y bien dicho está. Cosas que debían irse a bolina duran eternamente, por eso apelo a este vicio que me calma. Fumar y fumar y fumar. (Canta.) Fumar es un placer, sensual, mortal. (Llama.) ¡Cuca! ¡Qué horror! ¡Cuca! Ayer vino Laura, se recostó a ese mueble y salió cubierta de polvo, como una momia. ¡Cuca!

Cuca.  (Entra.) Dime, Machi.

Machi.  Machi no, Maricusa, que así me bautizaron. (Cuca va a responder.) Limpia ese mueble. Límpialo como si fuera lo único que tienes que hacer en la tierra.

 

Cuca limpia el mueble lentamente, cuidadosamente.

 

Machi.  El polvo no me deja respirar y paso noches enteras despierta, pensando que he malgastado mi vida.

Cuca.  Una taza de café, bien caliente, y dos hojas de salvia en cruz. ¡Y basta!

Machi.  ¿Qué es eso?

Cuca.  Eso, divino. Café con salvia y adiós catarro.

Machi.  No es catarro. Soy asmática, alérgica. El polvo ni olerlo.

Cuca.  ¿Ah, eso? Los nervios. Haga un jarro así de tilo y lo toma como agua común. Y deja de fumar.

Machi.  (La mira molesta.) ¿Dónde te graduaste de medicina alternativa?

Cuca.  Mi hija es enfermera. Graduada.

Machi.  Ah, sí. Ya ya.

Cuca.  Ah, ya. Sí sí.

Machi.  Sácale brillo a esa cómoda y olvida mis enfermedades. Espero visita. Un amigo de mi sobrina.

Cuca.  ¿De afuera?

Machi.  New York, Manhattan, el centro del universo.

Cuca.  (Hace un gesto de desprecio y sigue limpiando.) Ahora desaparecerá el asma, la meningitis y hasta el mal de San Vito. Cuando llega una visita de allá la vida cambia aquí. En esta casa.

Machi.  ¡Qué tragedia! Lo que pasa allá se refleja aquí y a la «visconversa». (Suena el timbre de la puerta.) Abre. (Machi se arregla.) Debe ser él.

 

Entra un hombre en sus treinta, rubio como un sol o al menos un hombre evidentemente «de afuera». Viste como un turista típico que visita el trópico: sombrero de paja, shorts, sandalias y carga una mochila. Le estrecha la mano a Cuca, después a Machi.

 

Jack.  (Con ligero acento norteamericano.) Buenos días.

Machi.  Gud morrning, güelcome a su casa, al país, al trópico.

Jack.  ¿Machi, verdad?

Machi.  La misma que viste y calza.

Jack.  Yo soy el amigo de Baby. (Mirando la habitación.) Linda casa.

Machi.  ¿Le gustan las tumbas egipcias?

Jack.  ¿Cómo dijo?

Machi.  Una linda tumba. Aquí han muerto todos mis parientes, padres, abuelos, tíos...

Jack.  ¡Qué elegancia! Esos ventanales llenos de luz y ese techo tan alto dan una sensación de libertad... ¡It’s faboulous! Siempre quise vivir en una casa como esta.

Machi.  La vida es así, contradictoria. Yo quisiera vivir en otro lugar, cualquier lugar y ya ve dónde vivo, donde usted quisiera vivir. (Pequeña pausa.) ¿Su primer viaje?

Jack.  Acabo de llegar

Machi.  ¿Y qué le parece Cuba?

Jack.  (En broma.) A paradise under the stars.

Machi.  Sí, Tropicana, Varadero, tabaco y ron.

Jack.  La Sierra y Playa Girón. Ya no podía esperar más. Baby me mostraba las fotos de la casa, esta casa, y me contaba las historias que conocía por su abuela. Yo lo imaginaba todo, todo, como si lo hubiera vivido.

Machi.  ¿Cómo anda Baby?

Jack.  (Con dificultad.) De-si-lu-sio-na-da. ¿Se dice así? Me dijo: dile a Machi que estoy de-si-lu-sio-na-da porque no puedo ir.

Machi.  Le dice que yo también estoy de-si-lu-sio-na-da porque no puedo ir.

Jack.  Y yo soy el cartero.

Machi.  ¿Cómo se llama el cartero?

Jack.  Se llama John Weber. Jack, es más corto.

Machi.  Jack, puedo brindarle una taza de café, bien fuerte. Como lo tomamos en su paraíso bajo las estrellas.

Jack.  Sí, gracias. (Registra en una mochila.)

Machi.  Cuca, haz café. Del bueno.

Jack.  (Le entrega un sobre.) Esto se lo manda Baby.

Machi.  Baby. ¡Qué sobrina tan cariñosa! (Mientras abre el sobre.) Siempre se acuerda de mí. La tía Machi, la tía Machi y me escribe estas cartas llenas de... (Mira dentro, sólo viene la carta. Desencantada.) nostalgia. Nostalgia por una tierra que casi no conoce. Ella se fue tan chiquita.

Jack.  Y sueña en volver.

Machi.  La pobre.

Jack.  ¿Le da tristeza?

Machi.  Por lo que va a encontrar.

Jack.  (Recorre la habitación, parece que busca algo.) Encontrará este sol, esta alegría: sus raíces.

Machi.  ¿Qué busca, un cenicero?

Jack.  Ahora no.

Machi.  ¿No fuma?

Jack.  Me gustan los puros cubanos. Cojiba.

Machi.  Yo me muero por los Marlboro.

Jack.  (Busca en la mochila, saca una caja de cigarros y le ofrece uno.) Aquí tiene.

Machi.  Gracias. (Enciende un cigarro con gran ansiedad, fuma y echa una bocanada de satisfacción.)

Jack.  Le gustan.

Machi.  Me dan la vida.

Jack.  En mi país se piensa que acaban con su vida.

Machi.  Absorbo el humo de un Marlboro y veo llanuras inabarcables, caballos al trote, sombreros tejanos. Como en los anuncios. Un mundo de aventuras.

Jack.  Una vida ruda.

Machi.  ¿Qué más se puede desear? (Mientras disfruta el cigarro.) Aprendí a fumar muy joven. Todavía estudiaba. Ay, qué tiempos. Una amiga... (Una larga bocanada.) ninguna igual. Con ella aprendí. Aprendí a fumar. Marlboro. De ahí mi preferencia por esta marca. Tenía en su casa un anuncio donde aparecía un hombre con un cigarro en la boca. (Echa una bocanada casi erotizada.) Ya no vive aquí. Como tantos amigos, ya no viven aquí. ¿Ve? Este humo me recuerda a mi padre. Fumaba unos tabacones enormes. Siempre quise ser como él: independiente y decidido. No pude ser como mi padre, y me he convertido en una mujer que sueña.

Jack.  Todos tenemos sueños sin realizar. (Recorre la habitación admirándola.) Uno de mis sueños es vivir en una casa como esta, en un país como este. Baby la recuerda como si la hubiera dejado ayer.

Machi.  ¿Ve a Baby a menudo?

Jack.  Of course. Pertenecemos al mismo comité de lucha por los derechos civiles.

Machi.  ¿Está envuelta en esa lucha?

Jack.  ¿Qué otra cosa se puede hacer viviendo en New York? Es una activista excelente.

 

Machi no puede aguantar la risa.

 

Jack.  ¿De qué se ríe?

Machi.  ¡Si su padre lo oyera! (Pausa.) El mundo es un misterio. Cuando sus padres vieron ondear banderas rojas en los mástiles de la plaza sacaron sus pasajes y allá se fueron, arrastrando con ellos a Baby para librarla del ateísmo, el adoctrinamiento, la vida en Rusia.

Jack.  ¿Tenían ideas políticas?

Machi.  Su padre guardaba una colección completa de Selecciones y era fanático de las películas de espionaje.

 

Jack no puede aguantar la risa.

 

Machi.  Ahora me toca a mí. ¿De qué se ríe?

Jack.  Reader’s Digest. ¡Oh my god!

Machi.  Ellos se perdieron lo que vino después. Aquellas películas de espionaje cambiaron y se convirtieron en películas rusas.

Jack.  ¿Really? Me encantan Konchalovsky y Dovchenko. Y Eisenstein, desde luego.

Machi.  ¡Vaya gusto! Venían convoyadas con muñequitos, rusos; carne enlatada, rusa; grupos folclóricos, rusos. Y todo el mundo decía spasiva y do svydania. Ya nadie se acuerda de ese idioma ni de los pantalones de campana. Las modas pasan. Somos un pueblo con poca memoria.

Jack.  Baby no. Lo recuerda todo. Recuerda sus visitas a la finca, recuerda la casa con un platanal al fondo, recuerda el agua del río y las vacaciones en el campo con mucho cariño.

Machi.  La finca de tío Luis. Allí construyeron una secundaria.

Jack.  ¿Secundaria?

Machi.  Sí, una escuela en el campo.

Jack.  Claro. Conquistas de la Revolución: la educación, la salud. (Hace señas con el pulgar hacia arriba.) ¡Terrific!

Machi.  Yo no estudio y tengo una salud de hierro.

Jack.  Pero estudian otros.

Machi.  ¿Y de qué les sirve?

Jack.  Usted no piensa como su sobrina. Me parece.

Machi.  Evidentemente no. Ella piensa como Cuca.

Jack.  ¿Cuca?

Machi.  La muchacha que me ayuda. (Pausa.) El Marlboro me vuelve loca. ¿Puedo robarle otro cigarro?

Jack.  (Le ofrece la cajetilla.) Es suya.

Machi.  (Lo besa en la mejilla.) Gracias. Este aroma me lleva al pasado. Ahora todo es diferente: ¿usted no ha estado en una fiesta de quince?

Jack.  ¿Qué es eso?

Machi.  Un baile para celebrar los quince años de una niña que se convierte en mujer.

Jack.  ¿Todavía celebran ese rito en este país?

Machi.  Más que nunca. Pura imitación de la aristocracia republicana: trajes largos, valses de Strauss, cambios de vestuario. Sin crónica en el periódico, ¡claro!, y chícharos el resto del año.

Jack.  (No entiende bien.) ¿Chi-cha-ros?

Machi.  Chícharos. Suit pis.

Jack.  ¿Habla inglés?

Machi.  Ni una palabra. Pero a veces digo naiz y guao.

Jack.  Yo aprendí español para poder leer los periódicos y conocer lo que realmente sucede en Cuba, no lo que se publica en mi país.

Machi.  Dios lo guarde. Es un angelito.

Jack.  No entiendo.

Machi.  ¿Va a estar mucho tiempo de visita?

Jack.  Todo cuanto pueda.

Machi.  Ya lo entenderá.

Jack.  Quiero verlo todo, entenderlo todo, vivir como viven ustedes.

Machi.  Permute.

Jack.  ¿Permute? No conozco esa palabra.

Machi. Permutar. Cambiar una cosa por otra. Usted viene a vivir a esta casa que tanto le entusiasma y yo viviré en la suya, ¿en Manhattan?, que no conozco pero estoy segura que me va a gustar.

 

Entra Cuca con dos tazas de café y le ofrece una cada uno.

 

Cuca.  Acabadito de hacer.

Jack.  Gracias.

 

En el momento en que Jack se lleva la taza a la boca:

 

Cuca.  ¡Cuidado!

Jack.  ¡Dammit!

Machi.  ¿Se quemó?

Jack.  No, no es nada.

Cuca.  ¿Quiere agua?

Jack.  No, gracias. (Saca de la mochila una botella de agua y bebe.) ¿Cómo es su nombre?

Cuca.  Concepción, una servidora. Pero me dicen Cuca.

Jack.  Ah, sí. Gracias, Cuca. (Prueba el café con cuidado) ¡Delicioso!

Machi.  En esta casa se toma el mejor café de Cuba.

Cuca.  Yo aprendí a hacerlo en Oriente.

Jack.  ¿Oriente? Ah, Santiago de Cuba: la cuna de la Revolución.

Cuca.  ¿Conoce Santiago?

Jack.  Todavía no. He leído sobre la ciudad, la historia.

Cuca.  ¿Y le gustaría conocerla?

Jack.  Of course.

Cuca.  ¿Cómo?

Machi.  Cuca, déjalo tranquilo.

Jack.  No, no problem, me encanta oírla. Quiero recorrer La Habana y hablar con el pueblo, que me cuenten, conocer sus experiencias y llegar a compartir con ustedes y sentirme parte de este proceso.

Cuca.  ¿Usted es revolucionario?

Jack.  Ojalá. Yo vivo en un país complejo, en circunstancias muy difíciles.

Cuca.  Sin ofender, su país es su país, pero ustedes nos han hecho mucho daño.

Machi.  (Regañándola.) ¡Cuca!

Jack.  ¿Ustedes? ¿Yo? Yo nunca he tratado de hacerle daño a este país.

Cuca.  Usted, la persona de usted, usted mismo, no; pero su gobierno, sí.

Jack.  Yo no apruebo lo que hace mi gobierno.

Cuca.  Pero lo hace. Ustedes... su gobierno, explota a los países pobres. Lo he leído y lo veo en la televisión. Usted cree que porque soy una simple criada, criada sí, no la muchacha que me ayuda, como dice alguna gente. (Mira a Machi.) Criada, pero estoy bien enterada de todas las guerras y de todos los crímenes. (Saca un cucurucho de maní. Le ofrece.) ¿Quiere maní? Calientico y saladito como le gusta a usted.

Machi.  ¡Cuca!

Cuca.  Esto es folclor, Machi. Yo también quiero ganar mi dinerito. Hay quien lo consigue fácil, viene una visita y ya. Pero yo trabajo para conseguirlo.

Machi.  (Se burla.) ¿Y tu Revolución no te ayuda?

Cuca.  Claro que me ayuda, aunque tú no quieras verlo. Mire, compañero... ¡ay, perdón! Míster.

Jack.  Compañero está bien.

Cuca.  Mi hija estudió en las mejores escuelas, y es enfermera graduada, ¡graduada! Y mi sobrino se hizo ingeniero y ahora es director de una empresa. Todos viven mejor que yo, porque estudiaron y saben un oficio.

Machi.  ¡Ay, revolución! Dios bajado del cielo para resolver todos los problemas de Cuca. Y ahí está: limpiando una casa que no es suya, comiendo una comida que no paga, viviendo de lo que le da una dama burguesa. ¿Qué te da tu Revolución? ¿Te compra ropa, tienes un televisor último modelo, sabes lo que es un microgüey?

Cuca.  Vivo tranquila, sin odiar a nadie y no necesito mendigarles a los parientes para vivir.

Machi.  Vives con lo que te doy yo.

Cuca.  Vivo con lo que gano yo. Porque trabajo. Y cuando esté vieja como tú viviré con mis hijos y mis nietos que se ocuparán de mí. No en esta casa más vieja que tú (Golpeando los muebles.) con sillas viejas, mesas viejas, camas viejas, manos viejas, tablas viejas ¡viejísimas! puertas viejas, piernas viejas, pisos viejos, viejo, viejo, todo viejo, mundo viejo, más que viejo...

Machi.  (Histérica.) ¡Ya! ¡Negra de mierda! Nunca tendrás nada.

Cuca.  ¿Y qué tienes tú?

Machi.  Tengo... tengo... (Busca la palabra.) el humo del Marlboro. ¡Sí! El humo. (Se va calmando.) El recuerdo de la finca de mi abuelo. Y el humo. Atesoro cientos de retratos familiares. Y este aroma. Cuca, trae la comadrita de abuela. (Cuca no hace caso. Machi se acerca al mueble, se sienta y se mece lentamente, soñadora.) Ahora recuerdo el pastor alemán que me regalaron como recordaré siempre el humo de un Marlboro. Y a papá que me acaricia la cabeza el día de mi primera comunión. Recuerdo también... recuerdo... el humo, el humo... el humo, el humo...

Jack.  (Iluminado por una luz que lo convierte en una estatua.) Caminaremos con la cabeza muy alta, altísima, dueños del mundo. Sin miedo. No habrá odio, ni rencor, ni razas, ni prejuicios, ni cucarachas, ni fronteras, ni dinero, ni bancos, ni juegos de ladrones y policías, ni hormigas. El hombre regará el jardín de su vecino con agua de colores y la naturaleza descubrirá nuevas frutas. Y por las noches bailaremos alrededor de las hogueras sin miedo al hombre lobo. Y entonces ya no habrá hombre lobo. Nunca más.

Cuca.  (Mientras limpia el mueble.) Aquí estoy. Limpio este mueble. Paso el paño por el borde superior hasta dejarlo como un espejo. Limpio el frente: sacudo las gavetas con el plumero y después con el paño hago brillar los adornos de madera. Voy a las patas de caoba, son torneadas y necesito dedicarles más tiempo. Una y otra vez y otra más...

Machi.  El sillón y el humo.

Jack.  Un mundo nuevo, diferente.

Cuca.  Limpio este mueble sin descansar.

Jack.  Otros ojos miran el horizonte.

Cuca.  Trabajan mis primos y los albañiles.

Machi.  Retratos viejos, espejos.

Jack.  Otras ventanas, otro azul.

Machi.  Recuerdo y recuerdo y recuerdo...

Cuca.  Ya es la hora. ¡A trabajar! Yo trabajo y mi hija trabaja y mi padre, lleno de arrugas, trabaja todavía; trabajan mis primos y mis tíos y trabajan los vecinos de al lado y los vecinos de los altos y todos tenemos escobas y calderos y cocinas. Palas y picos para los que construyen. Martillos y serruchos para los carpinteros. Herramientas para ganarnos la vida con las manos. Manos fuertes, duras, manos de trabajadores. Mi familia trabajó toda la vida. Mi abuelo murió trabajando en la carpintería, orgulloso de los muebles que hacía. Y trabajamos ayer y hoy y trabajaremos mañana y siempre. Siempre...  

Telón

 
Personajes

Machi, la dueña de la casa

Cuca, la muchacha que la ayuda

Jack, el visitante

 
© Tablas / Alarcos Casa editorial (2005)