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Monodrama
en un acto
Colaboración dramatúrgica
de Marcial Lorenzo Escudero
Inspirado en Gladys Linares,
campanera de la conga de Los Hoyos,
conocida también como Mafifa o La Niña.
A su memoria.
Personajes
Mafifa.
Está muerta y se cree viva. Viste de
blanco, túnica y un pañuelo en la
cabeza. Muchos collares. Está descalza.
Músicos de la conga Los Hoyos.
Con sus ropas de carnaval. Uno de
ellos tiene el rostro como una
mascarilla. Es un difunto.
La escena:
Un salón amplio y profundo o un patio
con similares características. Nunca el
escenario tradicional de un teatro a la
italiana. En el fondo del espacio hay
una tarima donde permanecerán los
músicos de la conga.
Delante de la plataforma un círculo
enorme demarcado por muchas velas
encendidas. Al centro del círculo
permanece Mafifa sentada a la turca,
distante y estática hasta el inicio de
la acción.
La acción:
Al principio los músicos ejecutan un
movimiento flojo y desordenado que
paulatinamente irá ganando coherencia
pero sin llegar a un clímax; luego
pararán uno a uno cada instrumento. Sólo
la campana continuará repiqueteando
aunque de modo ostensiblemente
desganado. Durante esta suerte de
obertura, Mafifa incorporará ciertos
gestos o acciones muy precisas que
denoten un estado ansioso,
claustrofóbico, estos gestos o acciones
no implicarán ningún tipo de
desplazamiento.
Mafifa.
(Como si despertara de una
pesadilla.) ¡Comején! ¡Comején!
(Jadeando.) ¡Come-jén! ¡Come-jén!
¡Jen! ¡Jent! ¿Jent? ¿Gente?
(Sorprendida.) ¿La gente? (Como
si se percatara de algo terrible.)
¡Me jodí! (Conga sube y baja.)
Alguien me ha puesto un daño. (Se
incorpora con achaque.) ¡No me
siento! (Se palpa las manos, los
brazos, el torso.) Una güemba bien
fuerte pa que me hiciera polvo y no
levantara más nunca cabeza. (Avanza
unos pasos.) ¡Al carajo! A seguir
andando que barco parado no gana puerto.
(Se detiene. Pausa reflexiva.)
Nada más hay que dormirse un poco y te
joden. ¡Puñeteros! Búsquenlos pa estar
poniendo brujerías. Sí, porque algo me
han tirado que estoy más pesada que un
muerto y más ligera que un ánima.
(Conga sube y baja. Se estremece y se
santigua.) Lo que necesito es un
buen trago de aguardiente pa ver si
suelto este pasmo y salgo a rumbear y
conguear y cantar hasta caerme en
tierra. (Sube conga, se queda la
campana fuera de ritmo. Se percata del
débil sonido de la campana.) ¿Quién
está sonando mi hierro como si fuera un
monaguillo? (Pausa breve.) ¡No
aprenden, carajo! (Pausa.) Para
ser campanero no sólo basta ser
campanero; hay que tener un muerto
detrás que te guíe la mano.
(Gesticula.) ¡Duro, coño! ¡Bien duro
hasta que la oigan en el Más Allá y
todos los santos se suelten (Ríe.)
y se forme la jodedera padre (Ríe más
fuerte.) y el que esté maleao que
pique, y el que esté vacilando, que
vacile. (La conga recomienza el
movimiento con fuerza. Mafifa se vuelve
hacia los músicos y se percata por
primera vez de su presencia.) ¿Qué
hacen todos ustedes aquí? (Nerviosa,
extrañada.) ¿Qué es lo que está
pasando?
Uno de la conga cantará una rumba y el
resto le hace de coro. Mafifa,
distanciada, comenzarán a bailar. Entra
clave de guaguancó.
Guía.
Le lo lelo lelo la,
Mafifa se fue...
Coro.
¿Dónde está?
Solista.
Ya están todos los que somos,
somos todos los que estamos
y estamos todos reunidos
para ir a la invasión, camará.
Coro.
¿Y La Niña dónde está?
Solista.
Le avisaron a La Niña pero no pudo
venir,
dicen que bajó Martí para dar un largo
viaje,
y conocer el paisaje que todos vamos a
ver,
cuando llegue el momento de creer o no
creer, camará.
Se fue Mafifa, La Niña se fue...
Se fue para siempre, se fue para no
volver...
Coro.
Se fue Mafifa, La Niña se fue...
Solista.
Unos dicen que a la una y otros dicen
que a las tres.
Coro.
(Repite el estribillo.)
Solista.
Que yo no la vi salir, ni tampoco Chan
la vio,
que cogió la ruta ocho cuando bajaba
Martí.
Coro.
(Repite el estribillo.)
Solista.
Y se llevó su campana
que la tocaba muy bien.
Coro: ¡Ay,
camará! ¿Y su campana?
¡Ay, camará! ¿Y su campana?
El estribillo se repetirá varias veces y
el solista improvisará estrofas. Mafifa,
en tanto, bailará cada vez con más
desgano, perdiendo el ritmo hasta que
deja de bailar y la rumba cesa.
Mafifa.
(A los músicos.) ¿Quién les dijo
a ustedes que yo no iba a tocar en la
Invasión? (Gesticula.) ¿De dónde
salió esa verracá? (Ríe.) Aunque
me esté muriendo voy a...
(Desafiante.) ¡Respondan! Aclaren
esa bola que detrás viene el brete.
(Pausa breve. Se percata de que no la
escuchan.) ¿Están sordos o no me
quieren oír? (Desesperada.)
¡Coño, están todos muy viejos para esa
jodedera! Yo no nací ayer. ¡Carajo!
Nadie me sabe nada. (Gira hacia el
público.) Aquellos que saben o están
muertos o tienen que bajar la cabeza
cuando llego yo (Pausa breve y
transición.), claro que bajan la
cabeza, lo mismo en una reunión del
comité, en una cola o en la casa de Rosa
La China... Porque el que quiso coger
mango bajito conmigo, se lo tuvo que
tragar verde y con cáscara. (Pausa.)
Pero bien, sé que todavía hay unos
cuantos cazueleros que siguen con la
intriga y el daño... Yo sé los horrores
que han dicho de mí, toda esa basura que
tienen en la cabeza. (Escupe con
desprecio.) ¡Cochinos! ¡Sí! ¡Hijos
de puta! Que no me gusta andar con
palabras lindas, y al pan, pan y al
vino, vino. (Pausa.) Si no
hubiera sido como soy, más fuerte que
una guásima, estuviera hecha talco,
cogiendo palos por los cuatro costaos.
(Pausa.) Pero yo he sido una
mujer de verdad y nadie puede entrar en
mi vida como si se metiera en un bayú.
(Pausa. Jocosa.) ¡Por lo menos
tienen que quitarse el sombrero y pedir
cien veces permiso! (Ríe.) Hasta
dar los buenos días, las buenas tardes y
las buenas noches... ¡Y todavía tendría
que consultar a mi africano! Que hay
mucha envidia y mucha mala vista en este
mundo. (Pausa.) Total, ¿qué le
pueden envidiar a una negra pobre como
yo que está pa ocamba y ahorita se la
lleva la Pelona? (Pausa.) Lo que
pasa es que nunca he sido floja ni fácil
y eso jode. ¡Que si jode! (Pausa.)
Yo sé bien lo que digo... Todo el mundo
aquí sabe que hasta al más pinto lo he
puesto en su sitio... (Sonríe.)
Uno se quiso un día pasar de raya y tuvo
que zafar como el perro que tumbó la
olla. (Pausa.) Llegó haciéndose
el sabroso con dos tragos mal daos y una
botella de aguardiente... ¡En mala hora!
Porque ese día yo estaba cabrona.
(Pausa.) Se me había hecho tarde y
tenía que estar a las tres en mi
trabajo... que con ese condenao turno
siempre es una salación y no hay nada
que me fastidie más que me descuenten un
peso a la hora del cobro... De mí podrán
decir todas las mentiras que quieran,
menos que nunca fui cumplidora en mi
pincha. (Pausa.) Pues el tipo
llegó con su alarde y una guapería que
daba gracia verlo... Un muchacho que
siempre fue correcto y hasta parecía
comemierda... (Ríe.) ¿Parecía?
Razón tienen los viejos con ese refrán
de que lo que nace pa cola no llega a
cabeza.
Se desdobla parodiando al aludido, hace
como él.
Él.
¡Niña! Vamos a bebernos este pomo tú y
yo, solitos... Sin sapos.
Mafifa.
Será otro día, mijo... No hay chance
ahora...
Él.
Pa luego es tarde, negra... todos los
días no son santos...
Mafifa.
Tarde y requetetarde se me ha hecho
tarde... a las tres tengo que estar en
mi trabajo.
Él.
A las tres mataron a Lola y en eso se
quedó.
Mafifa.
Esa se jodió por estar en la vaciladera
to el día... Pero yo no puedo estar en
eso siempre.
Él.
Yo sé por qué tú nunca tienes tiempo.
(Intrigante.) ¿Tiempo o deseo?
Mafifa.
Aclara eso. ¿Cuál es la intriga?
Él.
Na, asere, todo está dicho.
Mafifa.
Vamos, que el pájaro se conoce por la
cagá.
Él.
Sin cráneo, Gladys, no hay intriga.
Mafifa.
Yo pensé que tú eras más hombre, la
verdad es que cualquiera se equivoca con
cualquiera...
Él.
Niña, Mafifa... Lo que pasa es que uno
se pone sabroso y se le hace la cabeza
agua... ¡Vaya!, que quiero saber qué es
lo que hay contigo en la vida real.
Mafifa.
Lo único que hay es que tú eres un
infeliz que no sabe con quién se mete,
un vago y un borracho cazuelero que
acaba de tropezar con una piedra. (Se
da golpes de pecho, señalándose.)
¡Con Gladys Linares no puede haber
ningún chanchullo! (Se acaban
efectos. Comenzará a hablar como si se
dirigiera a otros.) ¡Mis ganas me
las apago yo sola! ¡Con el ron que me
gasto de mi dinero! (Pausa.) ¿No
dicen que candela come candela? Pues la
candela que me sube por las piernas y me
llega hasta la cabeza me la bajo con
aguardiente. (Pausa.) ¡Que salga
por mis manos cuando esté tocando en el
corazón de la conga! (Breve pausa.)
Como el negro al que le dieron fuego y
el alma le salió volando, gritando en
todos los oídos que era libre. ¡Libre,
carajo! ¡Choncholí se va pal monte,
cógelo que se va! (Entra percusión.)
Campana la Luisa se rompió, yo manda
mi nganga componé, patico florido dime
adiós, donde manda mi nganga mando yo…
¡Libre, cará! Porque la conga es la
libertad que pa eso la inventaron los
esclavos y hoy día hasta los blancos
arrollan en ella. (Pausa. Reflexiona.
Sonriendo.) Es como la libertad...
por eso es tan bonita... Yo vi en la
televisión una blanca que hablaba de
eso, con palabras finas porque parecía
un señor bien preparado... Dijo que
arrollar en Los Hoyos era algo estético.
(Ríe.) ¡Pa su madre! Los blancos
tienen cada palabrita que dejan a una en
China... Pero ya lo entendí, yo sé que
lo que quiso decir era que la conga de
Los Hoyos tenían caché... ¡Claro que
tiene caché!, caché y aché. (Pausa.)
Namá hay que ver que la gente se vuelve
loca si la siente sonar. (Pausa.)
El que está en la cocina baja el
caldero, ¡y a arrollar, pa luego es
tarde!... Y el paralítico sueltan la
muleta ¡y a gozar! Como en esa canción
de Matamoros: suelta la muleta y el
bastón… (Pausa. Reflexionando y
sonriendo.) Yo tengo un sueño que se
repite desde que estoy en esto.
(Repite.) Es un sueño que empieza
bonito y acaba triste... Yo sueño que
estoy en el cielo (Coro: La luz, la
luz, radia la luz, hermano mío.)
mirando para abajo, viendo cuando Los
Hoyos sube San Antonio después del
desfile, cuando va pal encuentro... Todo
se ve clarito: los pendones; las
lentejuelas que adornan las capas; los
guardias, molestos porque no pueden
estar en la gozadera como todo el mundo
y andan de un lado para otro vigilando
el ambiente, que pa eso les pagan; un
turista que apellunca a una muchacha
pero no puede seguirle el paso y pone
cara de no entender un carajo, aunque
sigue ahí pegado... arrastrando los pies
y haciendo lo que puede; Chan que pita y
los músicos paran... a coger un diez y
seguir palante que la cosa no se acaba
hasta por la mañana... Yo misma me veo
sonando el hierro con tremendo carácter.
¡Sudando como el demonio! ¡Tragando
aguardiente para que el brazo no se
enfríe ni el alma se caiga! (Sonríe.
Aspira el espacio muy concentrada.)
Y siente el tufo de la conga... de
caballo y de tren... de alcohol y
cebolla... de colonia de altar y azúcar
prieta... (Súbitamente contraída.)
Después viene lo feo. (Se va
perdiendo la conga.) La gente se
transforma en comején. No hay calle, hay
ahora un descampao de tierras negras que
no tiene comienzo ni fin, como el
desierto, como un cañaveral al que le
dieron candela. (Pausa.) En medio
del lugar hay una guásima cundía de
comejenes, seca... llenita la raíz de
clavos mohosos y cabitos de velas
encendidos. (Pausa.) ¡De pronto
se levanta una ventolera y no veo más
nada! (Pausa.) Quiero despertar y
no puedo... Quiero moverme y no puedo...
¡Trato de gritar y nadie me oye!
(Pausa.) Siempre que sueño con esas
cosas alguien se ha muerto: un socio, un
vecino, algún pariente. (Pausa.)
Ese sueño es mi sal, nunca lo cuento
para que no vayan a decirme pájaro de
mal agüero, ¡la tiñosa del barrio!,
¡palera! (Pausa.) Cuando palmó
Pilili estuve toda la noche soñando la
misma vaina, después se me ha quedao un
dolor en el pecho que un día me va a
matar... esa puñetera angina que me pone
turulata. (Pausa.) Los médicos me
han dicho que tengo que dejar de fumar y
de beber, pero no son el cigarro y el
ron los que van a acabar conmigo...
(Va entrando la conga. Se vuelve hacia
los músicos.) ¡Son estos puñeteros
que me están barajando! (Pausa.)
Porque desde hace rato estoy aquí plantá
y nadie me ha dicho ni buenos días.
(A los músicos.) ¡No me van a dar un
cigarro! ¡Un buche de aguardiente! ¡No
me van a dejar tocar! (Se exaspera
ante la desatención de los músicos.)
¡Vamos, contesten, que no estoy pintada
en la pared! (Efecto. Músico de la
mascarilla blanca avanza hacia ella
tocando la tambora, danzando de modo
ralentado una rumba.) ¡Avemaría, se
revolvieron los muertos...! (Se ha
percatado del músico. Se persigna.)
¡Hoy tengo el día malo y no estoy pa
ello! (El músico que representa a
Pilili baja de la plataforma y entra en
el espacio de Mafifa, colocándose de
frente a ella que se persigna y lo
esquiva. Él baila una rumba al toque de
la conga y su tambora, la convida.)
¡Chino, José, denme un trago que la
mediunidad se me ha revuelto...!
(Grita.) ¡Chino, timbales, que me
des un trago! Si quiere yo compro la
botella... ¡Chan, para ese toque que
está llamando a muertos! (Efecto
fuerte. Intenta hablarle al espíritu.)
¡Sé que eres tú, Pilili! ¿A qué has
bajado? (El músico la asedia
amablemente convidándola a bailar. Ella
lo esquiva sin temor.) Regresa a tu
mundo, Pilili, aquí nadie te ha
llamado... Los muertos tienen que venir
cuando se les manda a buscar y nada más.
Si no es así se meten en lo que no les
importa, buscando pendencias y
embromaderas... (El músico no deja de
bailar en torno a ella.) ¡Deja ese
bailoteo, Pilili, que me pones nerviosa!
A partir de este momento entrará en off
la voz de Pilili, grave e impersonal. Se
establece el diálogo siguiente. El
músico de la mascarilla no deja de
bailar. Mafifa bailará también pero en
un solo sitio, sin desplazamientos.
Voz de Pilili.
La vida y la muerte son dos cofres
cerrados, cada uno tiene dentro la llave
del otro... Nadie pensó que iba a ser
tan rápido...
Mafifa.
(Aparentando serenidad.) No fue
rápido, estuviste mucho tiempo
enfermo...
Voz de Pilili.
No hablo de mí sino de ti. Vine a
acompañarte.
Mafifa.
(Airada y algo asustada.)
¡Acompañarme de qué carajo! Yo tengo mi
protector.
Voz de Pilili.
Se te desprendió y me mandaron para que
te llevara en mi comisión.
Mafifa.
(Persignándose con nerviosismo.)
Padre nuestro que estás en los cielos,
santificado sea tu nombre...
Voz de Pilili.
Pronto saldrán los tambores y el dolor
se hará menos grande... El llanto será
el repique sordo de los cueros.
Mafifa.
(Confundida.) ¿Por qué ese
llanto? Vamos, Pilili. ¡No jodas más y
acógete a tu destino! Reconócete como
espíritu. ¡Déjame en paz!
Voz de Pilili.
¡Colócate junto al campanero para que le
guíes la mano!
Mafifa.
(Aparentando jocosidad.) Ese
tiene la mano de trapo. (Ríe.) Y
si yo estoy aquí, ¿quién más?
Voz de Pilili.
¡Niña, reconócete! Ya no estás en el
mundo de la mentira, te tocó llegar al
mundo de la verdad... ¡Oyá Yansá te
abrió el cofre de Ikú, la innombrable!
Mafifa.
(Desesperada se dirige a los músicos
y a algunos del público. El músico
continúa bailando en torno a ella.)
¡Mi gente, este que está aquí me quiere
joder! (Señala al músico.) Si
falté al juramento y dije que no tocaba
era porque me sentía mal... Llamé a
Chango y él me oyó. San Rafael me sacó
del oscuro... Y aquí estoy, ¿no me ven?
(Los músicos se muestran
desentendidos, evidentemente no la ven.)
¡Estoy aquí! Muy bien. No tengo
ningún achaque... (Baila con
destreza.) ¡Miren qué ligera me
encuentro! (Pausa.) ¡Ah, es que
tengo que tocar! (Ríe.) ¿Dónde
está mi campana? (Sube a la
plataforma donde están los músicos. Se
dirige hacia el campanero.) A ver,
tú, dámela. (Golpes fuertes. La toma
y la devuelve inmediatamente.) Esa
no es la mía, ¿dónde la pusieron? ¡En el
cuartico! ¿Por qué la pusieron ahí?
(Se muestra confundida. Mira a cada uno
de los músicos que siguen tocando sin
reparar en ella.) ¡Chan! ¡Ayúdame,
Chan, que me quieren fastidiar! (Baja
corriendo de la plataforma.) ¡Déjame
tocar! ¿Por qué me encerraron mi
campana?
El músico va hacia ella.
Voz de Pilili.
Deja que yo te guíe, mi niña, no te va a
pasar nada malo, todo es cuestión de
acostumbrarse...
Le agarra suavemente las manos para que
le toque el rostro. Ella retrocede.
Mafifa.
(Temerosa.) No, por lo que más tú
quieras... (Él insiste con firmeza
pero con cierta dulzura.) ¡Qué raro,
a mí me habían dicho que los muertos
eran fríos como hielo!
Voz de Pilili.
Esos son los cadáveres, la carne
indigente... ¡Estás tocando mi alma!
Mafifa.
Acaba esta zozobra, Pilili, chico.
(Tiembla.) Me estoy poniendo vaina y
me están dando deseos de llorar...
Voz de Pilili.
Que se desborde el aguacero que te queda
dentro, que se te desborde de un tirón
para que cuando te encuentres con tu
gente no se ablanden de verte sin
consolar. Tú misma has dicho que nunca
has llorado...
Mafifa.
(Apartándose.) Hoy debe ser un
día grande...
Voz de Pilili.
Te despiden los tuyos... Siempre fuiste
la mejor.
Mafifa.
(Espantada.) ¡A mí no, coño!
(Corre buscando la puerta de la calle
pero retrocede ante el público. Da unos
pasos de espalda. Cae de bruces.)
¡Changó! ¡Ayúdame! (Llora.)
Voz de Pilili. ¡Levántate!
Nos tenemos que ir; no puedes quedarte
atrás... ¡No puedes!
Mafifa.
(Desalentada.) No puedo, Pilili,
me jodí... (Comienza campana y
quinto.)
Voz de Pilili.
Te salvaste, Mafifa, no te das cuenta
que ya no sientes dolor, que el pecho lo
tienes libre...
Mafifa.
Lo tengo vacío, que es distinto.
Voz de Pilili.
Lo tienes como el alma, ahora podrás ser
como yo, como tú quieras ser...
Mafifa.
(Para sí.) ¿Es así, entonces?
Voz de Pilili.
(El músico de la mascarilla baila en
torno de Mafifa tocando la tambora y
abanicando.) Dilo, no tengas
miedo... reconócelo.
Mafifa.
(Recuperando la serenidad.) No,
es muy pronto para decirlo yo...
Voz de Pilili.
Di que nos vamos. ¡Dilo!
Mafifa.
(Tratando de incorporarse.) No
puedo levantarme.
Voz de Pilili.
Te has debilitado, me mandaron para
ayudarte y se acaba el tiempo, si ahora
no vienes tendrás que llorar mucho...
Serás un espíritu resentido y embromador
de los que nunca te gustaron...
La campana comienza a sonar sobre los
tambores. Repica fuerte, muy fuerte y
clara. Mafifa se incorpora lentamente
pero sin achaque. Comienza a bailar con
el músico de la mascarilla y la tambora.
Mafifa.
(Oyendo el repique de la campana.)
Le falta alma, brillo... toca bien y
claro pero le falta algo.
Voz de Pilili.
¡Ayúdale!
Mafifa.
(Extrañada.) Es cierto entonces
que soy sonido, ¿podré ser libre y
gritar en los oídos de la gente mi
condición? ¿Es verdad, Pilili, que no
hay quien pueda amarrarme a nadie ni con
nadie?
Voz de Pilili.
Y estar, siempre estar, que es lo más
importante.
Mafifa.
(Observando la conga, al público.)
Todo esto es por mí, Pilili.
Voz de Pilili.
Sólo por ti, Mafifa. No te acuerdas que
tú misma lo pediste.
Mafifa.
Esa campana toca bien y claro pero le
falta... alma.
Voz de Pilili.
La tuya
Mafifa.
¡Entonces vamos al repique, Pilili! ¡Que
se abran todos los caminos y que corra
el aguardiente, Pilili! ¡Que el carnaval
invada el reino de los muertos y de los
vivos! ¡Que nunca se detenga!
La conga alcanza su toque más sonoro.
Echa a andar. Mafifa se incorpora. Es
ahora una más.
Fin |