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Escenografía: En el centro, casa de la
Ratica Rita. Tejadillo naranja. Frente
al espectador, ventana de cristal de
doble hoja, cerrada. Bien pegado, en el
extremo derecho, el árbol casa de la
Comejena. Tiene un hueco al frente en
forma de ventana. Hacia el lado derecho,
de uno de los ramajos truncos del árbol,
cuelga un farol clásico con luz azulada.
A la izquierda, una cerca que se
proyecta en diagonal hacia el público.
Tiene una puerta que conecta con el
pequeño patio de la casa. Al fondo, un
farol de calle, que establece
aparentemente el límite entre esta y el
patio interior.
Al abrirse el telón, suavemente, la luz
negra sugiere una madrugada a punto de
amanecer. Se inician trinos, cantos de
gallos, recostados a la música, elemento
esencial de la poética, que vestirá de
magia toda la puesta.
Por el extremo derecho, como a
escondidas, entra el Sapo. Se detiene
por un instante, detrás del banco de
madera verde colocado frente a la casa
árbol. Después de mirar en todas
direcciones, avanza y abre la puerta que
conduce al interior del patio, entra, y
después de cerrarla nuevamente
desaparece detrás de la cerca.
Inmediatamente, por el extremo
izquierdo, hace su entrada el Gato.
También mira en todas direcciones.
Alegre porque cree que está solo, va
hacia la ventana y trata de ver el
interior. En ese momento, el Sapo saca
la cabeza por encima de la cerca y le
silba, tratando de ser escuchado
solamente por él. El Gato se vuelve
sorprendido y molesto cuando lo ve y
rápidamente va junto al Sapo, se le
encima en el momento exacto en que
música llega a su fin.
Sapo.
¡Suavecito, compañero, no me tiene que
empujar!
Gato.
(Molesto.) Oye, no hay quien te
pueda ganar. ¡Tú siempre llegas primero!
Sapo.
Lo siento, amigo minino, no se debe
molestar, cuando usted se va a tirar,
¡ya yo estoy en el camino!
Mientras dialogan, el Conde Valentín
trepa por encima y por detrás de ellos,
como si penetrara al patio desde la
calle. Salta y cae con estrépito entre
los dos.
Sapo y Gato.
(Muy sorprendidos, después de
reconocerlo.) ¡El Conde Valentín!
Gato.
¡Señor conde, por favor, que nos va a
matar de un susto!
Sapo.
¡Por gusto, chico, por gusto, porque no
hay necesidad!
Conde.
(Desenfadado. Feliz.) ¡Vengo con
el mismo anhelo a compartir la emoción,
con capa, traje, sombrero, ah, y un
antifaz de ocasión!
La Comejena se asoma y los observa.
Gato.
¡Que no, que cayó del cielo igualito que
un ciclón!
Comejena.
(Irritada.) ¿Ven? ¿Ven que no hay
un caballero que se sepa comportar? Por
eso es que yo no quiero verlos cerca de
mi hogar!
El Gato, el Sapo y el Conde, ofendidos,
responden molestos y juntos a la
Comejena, de modo que nada se entiende
de lo que le dicen.
Sapo.
(Calla de repente y hace callar a los
otros.) ¡Silencio! Creo escuchar que
nuestra Rita preciosa abrió el portón de
su rosa y se acerca a este lugar.
Nuevamente, animados, esperan
impacientes. Entra música. La Ratica,
cándida, se asoma por detrás del árbol y
se retoca con zalamería, antes de que
sus pretendientes puedan verla. Después
sale con música y mientras esta concluye
la introducción, ella se sienta en el
banco como si posara. Luego se incorpora
y canta.
Rita.
(Canta y se acompaña de pasos
ocasionales.)
Si cada cosa tiene su lugar
por qué alguien tendría que dudar.
No es recomendable cambiar lo natural.
Nunca es saludable la armonía alterar…
Ser lo que se es,
no hacerlo al revés.
Ser lo que te toca,
no la vida loca.
Ser lo que naciste,
cambiarlo es muy triste.
La verdad siempre será
lo original…
Mientras el Gato, el Sapo y el Conde
corean esta última parte de la canción,
la Ratica juega con gracia un pon
imaginario, que termina justamente con
el fin del canto del coro, y repite la
última parte de este:
Rita.
¡La verdad siempre será lo original!
Con el último compás los tres vecinos
desaparecen detrás de la cerca, y la
Ratica hace un giro que la coloca frente
a esta, en el momento en que, por encima
de la cerca, aparecen tres flores. El
ritmo continúa por debajo de las
acciones. La Ratica, ruborizada, va
hasta ellas y las toma una por una. Así,
cada vez que toma y hala una flor, esta
viene seguida de quien la ofrece. El
Sapo, el Gato y el Conde. Al tomar la
última, con las flores en sus manos, va
hasta el centro y continúa cantando.
Rita.
¡Ser lo que se es, y no hacerlo al
revés!
Ser lo que te toca, y no la vida loca.
Ser lo que naciste, cambiarlo es muy
triste,
La verdad siempre será lo original.
Mientras el trío repite el estribillo,
ella va donde la Comejena a mostrar sus
flores. Dialoga con ella, hasta que el
coro termina su parte y ella va hasta el
centro a terminar la canción. El ritmo
se detiene, y ella se dispone a cerrar
la última frase musical.
Rita.
La verdad siempre será… (Se vuelve a
sus galantes vecinos que la contemplan
extasiados.) ¡Oye!
Los tres.
¿Qué?
Rita.
(Dulzona.) ¿No se han ido
todavía?
Los tres.
¡No!
Rita.
¿Entonces?
Sapo.
(A sus acompañantes.) ¿Nos vamos?
Gato.
Bueno, o nos vamos los tres juntos, o no
se va nadie.
Conde.
¡Tenemos que irnos! (Coloca sus manos
sobre la cabeza de sus compañeros y
desaparece con ellos detrás de la
cerca.)
Rita.
(Termina la canción.) ¡La verdad
siempre será lo original! (Feliz, a
la Comejena.) Son graciosos y
gentiles. ¡Cuánto me ven y me miman! Y
para mostrar que me estiman, ¡zas!,
desaparecen sutiles.
Comejena.
¿Gentiles, dices, gentiles?
Rita.
Eso dije, gentiles.
Comejena.
¡Monigotes disfrazados, ridículos y
pesados!
Rita.
¿Y no será desconsuelo, falta de afectos
y celos?
Comejena.
¿Celosa yo?
Rita.
(Divertida.) Sí, celosa tú.
Comejena.
Pues no. Es que siento que es ingrato mi
destino…
Rita.
No me digas.
Comejena.
Sí te digo… pero, en fin, a cada rama su
viento.
Rita.
¿Y a cada viento?
Comejena.
Su trino…
Rita.
¿Y a cada trino?
Comejena.
(Percatada de la broma.) No sé.
Rita.
(Alegre.) ¡El camino que me lleva
a mi destino! ¡Me voy! (Va junto a la
cerca, conciente de que, como siempre,
sus pretendientes permanecen ocultos
hasta que ella se marcha.) ¡Me voy!
(Cruza la escena y de pronto, al
pasar frente al banco, se detiene y ve
la monedita, colocada delante y al
centro de la escena, vuelve al centro y
junto a la casa y desde allí emite un
gritico de sorpresa.) ¡Ay!
Comejena.
(Sorprendida. Asustada.) ¡Ay!
Sapo, Gato y
Conde. (Desde su escondite.)
¡Ay!
Rita.
Es un efecto bonito, poco común y
ordinario. (Corre y sube al banco,
mira desde allí.) Es realmente
extraordinario.
Comejena.
(Que no entiende lo que está
pasando.) ¿Qué cosa, el viento o el
grito?
Rita.
Que no… Lo que estoy mirado. (El
Gato, el Sapo y el Conde se asoman
suavemente sobre la cerca.) Aunque
se muestra borroso, resulta extraño,
curioso, así, raro, titilando.
Gato, Sapo y
Conde. (Cantando.) ¿Pero
qué encontró que se sorprendió?
Rita.
(Cantando.) Es algo que brilla.
Gato, Sapo y
Conde. (Cantando.) ¡Ay,
qué maravilla!
Comejena.
(Curiosa.) Niña, mira que no hay
norma que dé al corazón reposo. Deja el
lado caprichoso y ve directo a su forma!
Rita.
¿Forma?
Comejena.
¡Sí, niña!
Rita.
(Mira desde su lugar.) Como se ve
impreciso, no puedo identificarlo.
Comejena.
¿Y entonces?
Rita.
Entonces… (Finge que intenta ver
mejor.) ¡Ay, ven!
Sapo, Gato y
Conde. ¡Qué!
Rita.
¡Que no puedo precisarlo!
Sapo, Gato y
Conde. (Al público.)
¡Forma poco conocida!
Comejena.
Bueno, mira.
Rita.
¡Miro!
Comejena.
¡Si se muestra con belleza!
Rita.
(Señalando el objeto.) ¡Esa!
Comejena.
Sí. ¡Dinos su naturaleza!
Rita.
¿Naturaleza?
Comejena.
Sí, niña.
Rita.
(Se acerca por un lado al objeto y lo
mira; con cierta exageración.) Es…
Todos.
¿Qué?
Rita.
¡Enigmático!
Todos.
¡Oh!
Rita.
(Dándole la vuelta y mirándolo desde
otro ángulo.) ¡Hundida, como para
crear desconcierto!
Gato, Sapo y
Conde. (Aparte.) Lo otro
no importa, lo cierto es que es rara y
desconocida.
Comejena.
¡Atención!
Rita.
¡Atención!
Sapo, Gato y
Conde. ¡Atención!
Conde.
¡Llegó el momento de descifrar la
verdad!
Sapo.
¡Mata la curiosidad!
Gato.
¡Y gana en tensión el cuento!
Sapo.
Qué será, qué será…
Gato.
Lo que fue, que nunca ha sido…
Rita.
¡Pero que yo he descubrido!
Sapo, Gato y
Conde. (Apenados.
Rectificándola.) ¡Descubierto!
(Se vuelven de espalda.)
Rita.
(Avergonzada. Aparte.) Caramba,
yo nunca acierto. ¡Qué pena la que he
sufrido! (Vuelve a sus admiradores.)
¡Rectifico!
Sapo, Gato y
Conde. (Se vuelven
satisfechos.) ¿Ven?
Rita.
¡Descubierto!
Sapo, Gato y
Conde. (Felices.) Ven, ya…
Comejena.
(Con misterio.) ¡Y ahora…!
Conde.
¡Llegó lo serio!
Rita.
(Exagerada. Dramática.) Aclarar
bien el misterio… (Se acerca al
objeto, como si lo hiciera a una bomba
que pudiese explotar con su contacto, o
su presencia. Se arrodilla junto a él, y
después de varios intentos, lo toca.
Finalmente, resuelta y percatada de su
naturaleza, suspira y ríe.) ¡Todo lo
extraño se pierde, cuando se le
identifica! (Lo recoge.) ¿A que
no saben?
Todos.
¡No! ¿Qué es?
Rita.
¡Es un dinerito verde!
Todos.
¡Verde!
Rita.
¡Verde! (Alegre.) ¡Yo creo que me
hice rica!
Todos.
¿Rica?
Rita.
(Corre a mostrarlo.) ¿Ven? ¡Es un
dinerito verde!
Sapo, Gato y
Conde. (Con violencia
inusitada, portando un cuchillo cada uno
y amenazándola.) ¡¿Cuánto vale el
dinerito?!
Rita.
(Sorprendida, asustada.) ¡Dios
mío, cómo se transforman las personas
cuando se trata del dinerito verde!
(Confundida.) ¿Y es necesario
decirlo?
Sapo, Gato y
Conde. (Fieros, desconocidos.)
¡Obligatorio!
Rita.
(Infeliz.) Se trata de un
centavito.
Sapo, Gato y
Conde. (Vueltos a sus
personalidades. Alegres. Ríen.) ¡¿Un
centavito?! ¡Qué poquito!
Rita.
(Confundida.) Es poquito.
(Ellos afirman y ella se dirige a la
Comejena.) ¿Verdad que es poquito?
Comejena.
Sí, muy poquito.
Rita.
(Llorosa, va y se sienta sobre el
banco.) ¡Ay!
Sapo, Gato y
Conde. ¡Pobrecita!
Comejena.
¿Por qué te entristece, nena?
Rita.
Porque no es su valor lo que apena, sino
que resulta cruel enfrentarme a tal
dilema.
Todos.
¿Cuál?
Rita.
(Colocándose en el centro de la
escena.) ¿Qué me compraré con él?
Comejena.
(Sorprendida.) Eso lo oí en otra
parte.
Gato, Sapo y Conde.
No recordamos a quién, pero lo oímos
también.
Comejena.
(Con ánimo tranquilizador.) En
fin, todo es muy sencillo, es bonita y
tiene brillo…
Rita.
(Sorpresivamente, canta de forma
burlesca junto a sus pretendientes.)
¡Ay, qué maravillo!
Comejena.
¿Qué cosa?
Los tres.
Que tiene brillo.
Comejena.
(Herida.) ¿Se burlan de mi
inocencia?
Rita.
(Arrepentida.) Ay, me confundí,
disculpa.
Comejena.
(Fingiéndose ofendida.) No, y
agraden a mi paciencia…
Rita.
(Aparte a la Comejena. Intentando las
paces.) ¡Es de ellos toda la culpa!
(Cuando termina de decir esto, la
Comejena y los tres pretendientes, se
dicen muchas cosas, tan irritados, que
no se les entiende nada.) ¡Basta!
(Todos callan.) ¡¿Qué les pasa?!
Miren, vuelva la paz, la tranquilidad,
(A sus pretendientes, apaciguadora.)
y ustedes, ustedes vuelvan a casa!
Comejena.
(Irritada.) Así es. ¡Calabaza,
calabaza, cada uno para su casa!
Sapo, Gato y
Conde. (Molestos.)
Comejena, ¿qué te pasa?
Comejena.
Nada. Cada uno para su casa. Vamos.
Sapo, Gato y
Conde. ¿Vamos, dices? ¡Dices,
vamos! No es por ti que nos marchamos.
Como dijera Tomasa, tú te mereces tres
tazas. (Amorosos a la Ratica.) Es
ella quien nos convida, y nos vamos
enseguida. ¡Adiuuu! (Desaparecen
detrás de la cerca.)
Comejena.
¡Fuera!
Rita.
(Se transforma y comienza a jugar,
aparentemente olvidada de todo.)
¡Silencio!
Comejena.
(Confundida.) Eh, ¿y a ella qué
le sucede?
Rita.
¡Silencio! Llenan la pista con las
luces, en colores. Sonriente, llega la
artista, y hay aplausos, gritos, flores…
Actuando como equilibrista, se sube a
una base imaginaria. Las luces se
apagan, queda ella en un seguidor,
avanza hacia adelante por la cuerda
imaginaria, acompañada de música. En el
centro se detiene, se apaga la música,
comienza un redoblante. Ella se queda en
la cuerda en una sola pierna y sube por
detrás la otra. Cesa el redoble y se
escuchan aplausos y vítores. Ella salta
desde la cuerda con toda gracia, cuando
se enciende la luz y todo vuelve a ser
como antes.
Comejena.
(Atrapada por el juego.) Oye, ¿no
vas a continuar?
Rita.
(Como en un suspiro.) No, se me
acabó el jugar. (Con suaves y dulces
modos, canta y danza.) ¡Ahora me voy
a marchar, tengo mucho por hacer! Mojar
la ropa, tender y después planchar…
(Desplazándose en su danzar, justo junto
a la cerca, sabida de que sus
pretendientes permanecen bien cerca.
Graciosa.) ¡Me voy…! (Da contados
pasitos, y se aleja.)
Los tres.
(Tímidos, sacan sus cabezas, la
observan hacer y cantan.) ¡Se va!
Rita.
(Regresa del mismo modo que se
separó, sorprendiendo a sus vecinos, que
desaparecen rápidamente. Llegada al
sitio de partida, reinicia su partida
esta vez con pasos más largos. Ellos se
asoman nuevamente y le chiflan,
zalameros. Ella, sin volverse, muy
complacida, como ofendida, canta
mientras desaparece por detrás de la
casa de la Comejena.) ¡Qué manera de
exagerar!
Comejena.
(Después de la salida de la Ratica.)
¡Vaya suerte! (Al público.) La
ratica, en un instante, asustada se
agachó, y enseguida ella encontró una
moneda brillante.
Los tres.
(Burlones, escapando.) ¡Qué
maravillante! (Hacen una trompetilla
y escapan riendo.)
Comejena.
(Rabiosa.) ¡Sinvergüenzas! ¡Mata
grillos! ¡Rompe flores! ¡Espanta niños!
(Desaparece en el interior de su
árbol casa con improperios.)
Bruja.
(Inmediatamente después de la salida
de la Comejena. En off.)
¡Manzanera…! (Repite su pregón y hace
su entrada a escena. Sorprendida,
preocupada.) ¡Vaya, qué extraño
lugar! (Lo mira todo.) ¡Este no
parece el sitio en el que suelo habitar!
(Vuelve al sitio por donde entró.)
No. (Canta.) Desde que crucé el
molino y tomé ese extraño atajo, se me
hizo ajeno el camino que a esta casucha
me trajo… (Deja de cantar en el
centro de la escena y se detiene.)
Ratón.
(En off.) ¡Polvos!
Bruja.
(Inquieta, preocupada. Se coloca
nuevamente el capuchón y va hacia la
cerca donde permanece silenciosa.)
¡Alguien viene!
Ratón.
(Entra. Pregona e intenta determinar
si la Ratica está en casa.) ¡Polvos!
(No obtiene respuesta. Desanimado.)
¡No está! (Viene al frente. Pregona.
De pronto, descubre la presencia de la
Bruja. Sorprendido, va junto al banco y
sin volverse, pregona y queda tenso.)
Bruja.
(Aparte.) ¡Se completó mi locura!
Ratón.
(Aparte.) ¿Estaré con calentura,
que vi esa extraña figura? (Se vuelve
hacia la Bruja, que lo mira en ese
instante.)
Ambos se saludan con una hipócrita
reverencia, y regresan a refugiarse en
sus espaldas.
Bruja.
(Aparte.) ¿Quién será esa
criatura de estrafalaria presencia?
Ratón.
(Aparte.) La imagen de la
diablura se esconde en esa apariencia…
Vuelven a mirarse de reojo y repiten su
saludo, para regresar a la misma
postura.
Bruja.
(Decidida.) Bueno, yo a lo mío…
(Aparentemente olvidada del Ratón va
hasta la ventana y mira a través de los
cristales.)
Ratón.
(Cruza la escena para poder observar
a la Bruja a hurtadillas.)
¡Aretillos de cristal!
Bruja.
(Aparte, volviéndose hacia el
público.) ¡Está vacía y silenciosa!
(Regresa a su lugar.)
Ratón.
(Aparte.) ¡Peligrosa, peligrosa!
¡Algo busca y lo sabré!
Bruja.
(Se vuelve. Aparte, tratando de no
ser escuchada por el Ratón.) ¡Mejor
sería si te fueras!
Ratón.
(Se vuelve de pronto.) ¿Dijo
algo?
Bruja.
(Sorprendida.) No… (El Ratón
se coloca nuevamente de espaldas a
ella.) Sí, porque así tal vez
pudiera hacer lo que debo hacer…
Ratón.
(Aparte.) Fingiré que salgo
fuera, y ahí detrás me esconderé. Y si
el peligro creciera, a Ritica salvaré.
(Sale y se esconde.) ¡Polvos!
(A escondidas deja la caja de ventas.)
Bruja.
(Se mueve detrás del Ratón e intenta
saber si se marchó. Creída de esto, deja
de buscar y avanza más cerca del
público. Canta. El Ratón, en un
descuido, se coloca detrás de ella, la
sigue durante la canción.) ¡Parece
que se fue, que al fin sola estaré, que
voy a saber…!
Se mueve de un golpe hacia la izquierda.
El Ratón hace lo mismo hacia la derecha.
Ratón.
(Al público. Cantando.) ¡Me va a
sorprender!
Bruja.
En qué sitio estoy… (Hablando.)
y, si no es el sitio deseado por donde
mismo he llegado, ¡me voy!
Sale en dirección a donde el Ratón
escondió su caja de ventas. El Ratón lo
sigue sigiloso hasta la cerca y queda
expectante. Ella encuentra la caja de
ventas, mira en todas direcciones en
busca del Ratón. No lo ve y regresa con
la caja a la escena, la abre y mira
dentro de ella. El Ratón, atónito, se le
acerca.
Ratón.
¡Señora!
Bruja.
(Sincera.) Por cierto, esto es lo
suyo.
Ratón.
(Molesto.) Pienso que alguna
razón tendría para semejante hecho.
Bruja.
La razón es que, cuando salía, por el
lateral derecho, encontré su mercancía…
Ratón.
(Malicioso.) Qué bonito lo bien
hecho… Entonces se decidió a dármelo, y
me lo entregó sabiendo que es mi
derecho.
Bruja.
Sí, así mismo fue… ¿No está bien hecho?
Ratón.
(Predispuesto.) Sí, seguro, quién
lo dudó. (Toma su caja de ventas y
cruza la escena para marcharse.)
Bruja.
(En tono conciliatorio.) ¡Señor!
Ratón.
(Se detiene.) ¡Señora!
Bruja.
¿A usted puedo preguntar?
Ratón.
¿Preguntar…?
Bruja.
Sí, como se debe.
Ratón.
Preguntar por preguntar, claro que
puede. (Se acerca a ella.)
¡Dígame!
Bruja.
¿Conoce usted a Blanca Nieves?
Ratón.
(Entusiasmado, de repente.)
¡Seguro que la conozco!
Bruja.
(Se olvida de la personalidad que
simula y comienza a saltar y a cantar
con perversa alegría.) ¡Ya te
agarré, Blanca Nieves, ay, Blanca
Nieves! ¡Ay! ¡Blanca Nieves!
Ratón.
(Sorprendido, percatado.) Sí,
pero no de este lugar.
Bruja.
¡Ah, no! ¿Entonces…?
Ratón.
(Sin entusiasmo.) De ella sólo
escuché hablar un momento, en otro
cuento. (Vuelve adonde dejó su caja.)
Bruja.
(Lo alcanza.) ¿Nada más puede
aportar?
Ratón.
¿De ella?
Bruja.
Sí.
Ratón.
De ella nada más, lo siento.
Bruja.
(Frente a la casa.) Pero, ¿y
aquí, quién suele habitar?
Ratón.
(Va donde ella.) ¡Aquí, la Ratica
Rita!
Bruja.
(Con pavor.) ¡Una rata! (De un
salto sube sobre el banco.)
¡Auxilio, una rata! (De pronto, se da
cuenta de que pudo ser descubierta por
el Ratón, y vuelve a su personalidad
anterior.) Perdón, perdí la
compostura…
Ratón.
(Confundido.) Sí… (Se vuelve
de espaldas a la Bruja. Aparte.)
¡Vaya, qué extraña aventura! (Con
temor.) Algo malo va a pasar… (La
Bruja se ha bajado y trata de ver a
través de la ventana. Aparte.) Algo
ella quiere ocultar detrás de un traje
tan serio. Yo me tengo que arriesgar y
desentrañar el misterio. (Se acerca
por detrás a la Bruja que está
entretenida y, tomando la capucha por el
pico, tira de ella.)
Bruja.
(Sorprendida, asustada.) ¡Ay!
(Va hasta el banco de un salto.)
Ratón.
(Asustado por lo descubierto, corre
en sentido contrario.) ¡Jesús!
(Aparte.) No es una anciana
hacendosa como quiere aparentar. Es una
bruja engañosa venida de otro lugar,
quién sabe para qué cosa…
Bruja.
(Aparte.) ¿Y qué buscará el
granuja?
Ratón.
(Envalentonado.) ¡Señora!
Bruja.
Sí.
Ratón.
¡Yo quiero que usted deduja que
en este cuento no hay bruja!
Bruja.
(Descubierta. Irritada.) Sí, ¿y
qué?
Ratón.
Nada, que me sentiría contento si usted
regresa a su cuento.
Bruja.
(Convencida. Molesta.) Ahórrese
el argumento, y hasta olvídese de mí. Yo
no perderé un momento. Por donde llegué,
me fui. (Se dirige al lugar por donde
entró, cerca de la casa de la Comejena,
que se asoma en ese momento.)
Ratón.
(Mientras sale la bruja. Aparte.)
¡Por fin me vuelve el aliento!
Comejena.
(De pronto, a la Bruja.) ¡Oiga!
Bruja.
(Muy molesta.) ¿Qué?
Comejena.
(Sorprendida.) ¡Mire, es sólo por
curiosidad!
Ratón.
(Desde su lugar. Muy preocupado.)
Y esta no ve la maldad…
Comejena.
Yo tengo la sensación de verla en otra
ocasión…
Bruja.
¿Sí?
Comejena.
¿Es verdad o no es verdad?
Ratón.
(En ayuda de la Comejena.) Tienes
razón, Comejena. Su cuento no es este
cuento. Aquel tiene un argumento, en que
un feo sentimiento la enajena…
Comejena.
(Percatada.) ¡Ah, ya! Y sin
ningún miramiento a Blanca Nieves
envenena.
Ratón.
¡Eso!
Comejena.
¡Claro que conozco el cuento! (A la
Bruja.) Y, créame, me da mucha pena.
Bruja.
(Irritada.) ¡Basta! ¡Todo es
cierto! (Va al centro de la escena.
Delante de la ventana.) No he venido
a este lugar sólo por curiosidad, porque
lo haya querido. La verdad es que me he
perdido y que no puedo encontrar un
sitio reconocido en todo este raro
andar. Todo ha desaparecido, y mi
cuento, ¿dónde está?
Rita.
(Abre en ese momento la ventana y se
asoma.) ¿Qué es? ¿Qué se perdió?
Ratón.
Ella, que perdió su cuento.
Rita.
¡Ay, qué pena! ¿Y no puede regresar?
Ratón.
(Rápido.) No, ni se puede quedar.
Rita.
¿Y por qué?
Ratón.
(Turbado.) El porqué después te
cuento.
Bruja.
(Aparte al público. Transformada.)
¡Sí que es bella la doncella! (Se
mueve hacia ella, maliciosa.) ¡Eres
bella! (A la Comejena.) ¡Sí que
es bella la doncella!
Comejena.
(Suspicaz.) Sí, si usted lo cree…
Bruja.
(Aparte, al público, mostrando una
manzana que extrae de un bolsillo de su
traje. Canta y realiza una coreografía.)
Por pasearse, la manzana de mi cuento se
perdió…
Rita y Ratón.
¡Qué situación!
Bruja.
(Cantando.) ¡No equivoquen!
Rita y Ratón.
(Cantando.) ¡No lo haremos!
Bruja.
¡Mi conducta!
Rita y Ratón.
(Aparte. Con temor. Cantando.)
¡No nos gusta!
Bruja.
(Hipócrita y mal intencionada.
Cantando.) ¡Se la doy de corazón!
(Se la entrega a Rita, que la recibe con
desgano, y se separa prudentemente.)
Rita.
(Confundida. Canta.) ¡La manzana!
Ratón y Comejena.
(Preocupados. Cantando.) ¿Estará
sana?
Rita.
(Cantando.) ¡Yo no sé qué voy a
hacer!
Bruja.
(Aparte.) ¡Sólo morder!
Rita.
(Cantando.) Si la muerdo… ¿y me
envenena?
Ratón y Comejena.
(Asustados. Cantando.)
¡No lo hagas!
Bruja.
(Aparte. Cantando.) Hazlo, nena.
Rita.
(Decidida. Cantando.)
¡Se la voy a devolver! (Al Ratón y la
Comejena.) ¿Verdad?
Ratón y
Comejena. ¡Seguro!
Rita.
(Al Ratón.) ¡Dásela!
Ratón.
(Sorprendido. Asustado.) ¡¿Yo?!
Rita.
(Suplicante.) Sí.
Ratón.
(Titubeante.) Pero es que…
Comejena.
(Fuerte.) ¡Hazlo, niño!
Ratón.
(Asustado.) Está bien… (Va
junto a la Bruja.) ¡Señora!
Bruja.
Sí.
Ratón.
(Temeroso.) Confiando en su
actitud sana, y en su intención más
augusta…
Bruja.
(Recelosa.) ¿Sí? (Aparte.)
El tonito me disgusta.
Ratón.
(Decidido.) Como a Rita no le
gusta, le devuelve la manzana. (Se la
da y vuelve rápidamente junto a Rita.)
Bruja.
(Engañosa. Rapera.) ¡¿Qué pasa
esta mañana con mi reputación?!
Rita y Ratón.
(Cantando. Con temor.) ¡Que
estamos decidiendo cuál sería su
intención!
Bruja.
(Cantando.) Te he dado la manzana
con todo el corazón, y ahora se me acusa
de mala y de traición. (Exagerada.)
¡Ay, ay, que me va a dar, que me va a
dar! (Teatral, se lanza desfallecida
sobre el banco.)
Rita y Ratón.
(Estimulados. Sinceros. Cantando.)
¡Espérese un momento, que usted no es de
este cuento, y reza de memoria su
verdadera historia que a Blanca Nieves
ha dado el fruto envenenado! Ay, ay, que
le va a dar, que le va a dar…
Bruja.
(Muy molesta.) ¡Ayyy!
Rita y Ratón.
¡Le dio!
Bruja.
(Explosiva.) ¡Nooo!
Rita y Ratón.
(Intimidados.) ¡Ah, no!
Bruja.
(Convincente.) ¡Díganme!
Rita y Ratón.
¡Sí!
Bruja.
(Acercándose a ellos.) ¿Qué
injusto temor les mueve?
Rita y Ratón.
(Simulan su temor, mirando el cielo.
Como si no la escucharan.) Hace
tiempo que no llueve.
Bruja.
¿Qué los mantiene asustados?
Rita y Ratón.
(Igual.) Aunque el día está
nublado.
Bruja.
(Fuerte a Rita.) ¿Acaso eres
Blanca Nieves?
Rita.
(Inhibida.) Yo, no.
Bruja.
(Al Ratón.) ¿Y tú, el príncipe
encantado?
Ratón.
¡¿Yooo?! Ni siquiera lo he soñado.
Bruja.
(Suavizada, de pronto.) Entonces,
¿por qué me piden con esa malicia insana
que no les dé mi manzana, traída desde
otro lado, y que no está envenenada?
Comejena.
(Aparte.) ¡Cuidado, niños,
cuidado, a ella no hay que creerle nada!
Bruja.
(Confundida.) ¿Eh?
Ratón.
No, nada.
Bruja.
¡Ah! (Otra vez maliciosa.)
Disfrutarla con fruición como a otra
fruta cualquiera…
Comejena.
(Aparte.) ¡Esa bruja es una
fiera!
Bruja.
(Confundida.) ¿Qué?
Rita.
No, nada.
Bruja.
¡Ah! (Vuelve a su intención
primaria.) Traída desde mi era, os
la doy de corazón.
Comejena.
(Aparte.) ¡Cuidado con la
emoción, es astuta esa brujera!
Bruja.
(Percatada se acerca a la Comejena.)
¡Me pareció que algo dijera!
Comejena.
(Sorprendida. Asustada.) No, tuvo
usted una confusión.
Rita y Ratón.
(En su ayuda.)
Sí, eso, una confusión…
Bruja.
(Convencida. Aparte.) Eso le pasa
a cualquiera, vuelvo a entrar en
situación. (Tendiendo la manzana a la
Ratica.) Te la doy de corazón…
(Rita titubea.) Acéptala, compañera.
(Rita, asustada, la toma.) Ah, y
si alguna vez, se pierden de su cuento,
y van a dar a mi cuento, avísenme al
momento. (Saliendo, satisfecha.)
¡Adiós! (Aparte.) Si es que les
queda algún deseo de verme. (Ríe y se
pierde.)
Rita y Ratón.
(Después que ella sale.)
¡Solabella!
Comejena.
¡Eso no!
Rita y Ratón.
¡Solabulla!
Comejena.
¡Eso tampoco!
Rita y Ratón.
¡Solabayaaa!
Comejena.
¡Vaya, al fin!
Rita.
(Mirando la manzana. Preocupada.)
¡Ay!, ¿y ahora qué hago con la manzana?
Comejena.
(Bromista.) Haz lo que te dé la
gana. (Ríe.)
Rita.
(Atrapada por la alegría de la
Comejena.) Ah, sí. ¡Pues mete la
cara en la palangana! (Ríe y
desaparece en el interior de su casita.)
Comejena.
(Sorprendida. Picada.) ¡Qué
graciosa la vecinita! (Al Ratón, que
ha tomado nuevamente su caja de ventas.)
Oye, niño…
Ratón.
¿Sí?
Comejena.
¿Tú qué vendes?
A partir de este momento comienza un
diálogo musical entre Rita y el Ratón,
que se desarrolla en tres canciones, con
géneros diferentes y diferentes
coreografías.
Ratón.
(Canta y comienza un juego danzario
con su Ratica, que reaparece por la
puerta que conduce al patio.)
¡Tengo!
Rita.
¡Tienes!
Ratón.
¡Misceláneas para vestir y jugar!
¡Tengo!
Rita.
¡Tienes!
Ratón.
¡Pulseritas como soles, flores, lazos,
caracoles, de muchos colores…!
(Pícaro, a base de giros la conduce
hasta el banco, la sienta, y
acomodándose a su lado, le toma una mano
y se la besa. Ella la retira
rápidamente.)
Rita.
(Recatada. Nerviosa.) ¡Te
advierto que a mí me gustan las formas
puras!
Ratón.
(Romántico.) ¡Qué dulzura!
Rita.
¡Exquisitas!
Ratón.
¡Qué bonita!
Rita.
¡Original!
Ratón.
(Meloso. Encimándosele.) Y…
Rita.
(Se pone de pie y se separa un
poquito.) ¿Tienes alguna miniatura
de porcelana y/o cristal?
Ratón.
¿De cristal? (Se le acerca.)
Rita.
(Escapando.) ¡O porcelana!
Ratón.
(Igual.) ¿Porcelana?
Rita.
¡Sí!
Ratón.
(Aparte.) Amor, qué ajena has de
estar a la moda caprichosa que sólo deja
lugar al plástico, y no a otra cosa…
(Vuelven al texto cantado y la
coreografía. Acercándose.) ¡Tengo!
Rita.
(Alejándose.) ¡Tienes!
Ratón.
Lo que sueñas de momento. Los más dulces
sentimientos y el corazón de cristal.
Rita.
(Aparte. Emocionada.) ¡Puedo
soñar! (Hablado.) ¿Con él,
verdad?
Ratón.
¡Tengo!
Rita.
¡Tienes!
Ratón.
Ilusiones como flores, sentimientos de
colores… (Encimándosele.) y ansia
infinita de amar…! (Dejan de cantar.)
Rita.
(Deteniéndole.) No me apures,
puedo herirte y no es esa mi intención.
Ratón.
(Sorprendido.) ¿Herirme?
(Perplejo.) Pero si yo…
Rita.
(Decidida.) Escucha, voy a
decirte qué siente mi corazón.
(Cantando.) ¡Tienes!
Ratón.
¡Tengo!
Rita.
Mucha prisa, compañero. Pero la verdad
que espero sólo el amor la dará…
Ratón.
(Receloso. Sin dejar de cantar.)
¿Hay que esperar?
Rita.
(Extrañada.) Sí. (Dejan de
cantar.) Pero ¿qué te apura?
Ratón.
(Súbitamente frío.) No… (Se
separa.) Es… (Aparte.) Me
apura, no sé, es confusa la idea que me
sostiene, es que yo creo que uno tiene
que vivir con lo que se usa. (Se
sienta con su caja sobre el banco.)
Rita.
(Aparte. Muy dolida.) Por qué
todo ha de negar el papel de la ternura
cuando se trata de amar… (Íntima.)
Al amor, al amor hay que dejar el
misterio y la ilusión, darle tiempo al
corazón y dulcemente, soñar. ¿Verdad?
(Al Ratón.) ¡Pérez!
Ratón.
¿Sí?
Rita.
(Reconciliadora.) ¿Traes alguna
otra chuchería que se te pueda comprar?
Ratón.
(Sin interés aparente.)
Miscelánea y fantasía. (Aparte.)
¿Comprar? (A Rita.) ¿Tú dijiste
comprar?
Rita.
Sí, eso dije.
Ratón.
(Transformado.) ¡Tengo polvo de
tocador, del más exquisito olor!
Rita.
¡Polvos!
Ratón.
¡De exportación!
Rita.
¡Eso, eso sí me gustaría!
Ratón.
(Entusiasmado.) ¿Quieres polvo?
(Cantan y danzan.) ¡Polvo, tú
quieres polvo!
Rita.
¡Polvo, yo quiero polvo!
Ratón.
(Muestra su mercancía.) ¡De muy
buena calidad! Del olor que más te gusta
y el color que más te da! ¡Polvo, tú
quieres polvo!
Rita.
¡Polvo, yo quiero polvo!
Ratón.
Si eres discreta y sencilla te ofreceré
lo mejor, lo que usan las más bellas,
color de cielo y estrella y el aroma del
amor. ¡Polvo, tú quieres polvo!
Rita.
¡Polvo, yo quiero polvo!
Ratón.
Tiene tu naturaleza sensibilidad de
flor, aumentarás tu belleza con flores
color de fresa y el más exquisito olor.
¡Polvo, tú quieres polvo!
Rita.
(Deja de cantar y divertirse.)
Yo…
Ratón.
(Sin comprender.) No veo razón
que pueda darte, de pronto, tristeza.
Rita.
Sí la hay, ten la certeza.
(Cantando.) ¡Ay, qué pena,
ratoncito! ¡Ay ratoncito, qué pena!
Ratón.
(Siempre dentro de lo musical.)
¿Pero penita conmigo?
Rita.
Para comprar tu polvito sólo tengo una
moneda.
Ratón.
(Aparte.) ¿De cuánto será?
Rita.
Como vale un centavito…
Ratón.
(Aparte.) ¡Tan poquito!
Rita.
He perdido la esperanza porque sé que
ella no alcanza para comprar tu polvito.
Ratón.
(Cerrando la melodía.) Sí, es
poquito, muy poquito. (A ella que se
muestra muy triste.) ¡Espera!
Siempre nos queda el consuelo de
esperar. Tal vez tú puedas hallar alguna
otra moneda.
Rita.
Lo siento, pero aunque quiero el polvo
de tocador, ni sufro, ni desespero, me
voy a casa y espero que llegue un tiempo
mejor.
Ratón.
(Tratando de explicarse.) El
negocio es lo primero. Sin negocio no
hay valor, y sin valor, el horror,
porque se acaba el dinero…
Rita.
(Determinada.) Tal vez tú tengas
razón… (Camina en dirección a la
puerta del patio.)
Ratón.
(Enredado. Aparte.) ¡Es que el
dinero es el dinero! (Desinflado.)
Pero es más dulce el amor. ¡Más hermoso
y duradero! (Sigue a Rita y la
llama.) ¡Rita!
Rita.
(Regresa rápidamente.) ¿Sí?
Ratón.
¡Era jugando!
Rita.
(Eufórica.) ¿De verdad?
Ratón.
Sí, bobita.
Rita.
¡Ay, qué bueno! (Aparte al público.)
¡Qué bueno!, ¿verdad? Porque jugando y
jugando la gente ha hecho de toda su
vida un negocio. Oye, que a todo le han
puesto precio. (Casi en un lamento.)
¡Cómo se está perdiendo lo bonito!,
¿verdad? (Al Ratón.) ¡Ratoncito,
qué alegría!
Ratón.
Tu alegría es mi esperanza.
Rita.
¿Con mi monedita alcanza?
Ratón.
(Atontado y pícaro.) ¡Tu sonrisa
bastaría! Mira, calma tus tiernos
sonrojos de la más dulce manera. Cierra
un momento los ojos.
Rita.
(Lo hace.) ¿Así?
Ratón.
Sí, y sin impaciencia, espera…
Va adonde la caja, toma una cajita de
polvos en forma de corazón, muy
brillante, vuelve y se la coloca entre
las manos, después de besarla
furtivamente.
Rita.
(Abre los ojos.) ¡Ay, qué bonita!
Va hasta él y le sorprende con un beso
en la mejilla. Él se recoge ruborizado,
se separa de ella, tocándose el beso, y
canta sin tener conciencia de que lo
hace y es escuchado.
Ratón.
¡El amor es maravilloso, y el corazón
dichoso! El amor es… (Se percata de
que ella le escucha, y sale escapado,
tímido y feliz con su caja.)
Rita.
(Lo sigue hasta que desaparece. Después,
canta.)
¡Voy a empolvarme, voy a pintarme dos
roletas carmesí! Pueden mirarme y
admirarme y disfrutar de mi perfume de
alelí. ¡Voy a empolvarme! ¡En la ventana
me sentaré, tarde y mañana esperaré
hasta que llegue lo mejor, aquel a quien
daré mi amor! ¡Voy a empolvarme, y para
ello tendré que marcharme, tendré que
marcharme!
Sale, feliz.
Sapo.
(Entra en el mismo momento que la
Ratica sale. Desanimado.) ¡Pero qué
torpe, qué torpe y qué lento he sido.
Yo, que pensaba abordarla, con pasión
enamorarla, y me he quedado dormido…
(Compasivo consigo mismo.) Bueno,
dormido no, mareado con su belleza. Qué
flor, qué delicadeza de naranjo
florecido… Yo que la pensaba presa de mi
amor, pero se ha ido.
Rita.
(Entrando. Ha adicionado una mantilla
y una especie de pericón a su
vestuario.) ¡Hola!
Sapo.
(Dichoso. Sorprendido.) ¡Hola!
Rita.
Le he visto bajar, hay rato, por la
calle de Enramada.
Sapo.
(Zalamero.) Vine de casa del Gato
hasta la suya, monada. (Le besa la
mano.)
Rita.
¡Ah!
Sapo.
(Todo en música.) ¡Oye, Rita!
(Aparte.) ¡Qué bonita! Yo tengo algo
que decir a usted…
Rita.
(Cantando.) Usted dirá, señor.
(Aparte.) Es un rapto de pasión, me
lo dice el corazón. (Al Sapo.)
¡Ay, qué calor!
Sapo.
¿Calor? (Le toma la mano y la conduce
elegantemente al banco. La sienta y
queda de pie, junto a ella. Cesa la
música. Con marcada intención
declamatoria.) ¡Por la imagen que
das…!
Rita.
(Aparte, emocionada.) ¡Por qué
buen camino vas!
Sapo.
De tu belleza sin par.
Rita.
(Aparte.) Ay, ¿se me irá a
declarar?
Sapo.
Ahora tengo que exclamar: ¡pero qué
bonita estás!
Rita.
Yo responderé quizás como toda una
damita.
Sapo.
(Aparte.) Por mí, la tengo
bobita.
Rita.
Como yo no soy bonita, hoy se lo
agradezco más.
Sapo.
(Entra de nuevo el diálogo musical.)
¡Sin testigos!
Rita.
(Aparte.) ¡Es conmigo!
Sapo.
Yo te voy a preguntar… ¿Te quieres casar
conmigo?
Rita.
(De pronto, asustada.) ¡Déjame
pensar! (Canta y se desplaza mientras
él la sigue.) ¡Ay, madre, que
confusión! No se qué responderé, me
palpita el corazón… (Directo a
Comejena, que se ha asomado.)
¡Dígame usted!
Comejena.
(Hablado.) Ah, ahora es conmigo.
Rita.
Seguro, Comejenita.
Sapo.
(Molesto.) Ahora sí que le cayó
Comejena al cuento.
Comejena.
(Canta.) En las cosas del amor
cada uno tiene un color, déselo usted.
Respóndale con valor, le da o no leda su
amor, respóndale. Allá tú, qué se yo…
Rita.
Pero, Comejenita, yo…
Comejena.
¡Nada!
Rita.
(Se vuelve al Sapo, que espera
impaciente.) Este, yo…
Sapo.
Usted…
Rita.
(Cantando.) Puede que sí.
Sapo.
(Muy entusiasmado. Aparte.) ¡Eso
estaba escrito! (Se acerca.)
Rita.
(Eludiéndolo.) Puede que no.
Sapo.
(Sorprendido. Aparte.) Se borró
lo que estaba escrito.
Rita.
(Escurridiza.) Lo más seguro es
que…
Sapo.
¿Qué cosa?
Rita.
¡Que no!
Sapo.
(Derrumbado.) ¿Ah, no? Ya lo dijo
San Ranón, que el amor que se genera de
los dientes para afuera, no es más que
infeliz pasión. Que no basta la pasión
que se basa en la apariencia porque del
amor, la esencia radica en el corazón.
Rita.
Ay, qué bonita conclusión.
Sapo.
Bueno, voy a casa de mi tía, la rana
Doña Sofía, a buscar un pantalón, se me
rompió un costurón y me sirve todavía…
Bueno, adiós…
Sale.
Rita.
Ay, qué pobrecito. Lo despedí como nunca
había soñado. Se fue triste, acongojado,
y casi llorando de aquí…
Comejena.
Que no, que no ha sido así. Sólo se fue
convencido de que no tenía sentido
enamorarse de ti.
Rita.
Ay, qué bueno, Comejena.
Comejena.
Escucha y acompáñame. (Cantan.)
La parte hay que encontrar, que se pueda
ajustar a nuestra vida. Seguir lo
natural, no hay nada que cambiar, lo
otro es mentira… (Hablado.) ¿Qué
te parece?
Rita.
Tú, como siempre…
Comejena.
(La interrumpe.) ¡Calla y oye,
compañera!
Rita.
(Despistada.) ¿Qué, algún nuevo
desatino? (Ríe.)
Comejena.
No, es que por el camino alguien viene a
la carrera.
Rita.
(Va rápida hasta la cerca y mira.)
Que viene no. Que Gato y Burro
acaban de aterrizar… Por el patio van a
entrar. (Regresa a su lugar sentada
en el banco.) En cuanto pueda me
escurro.
Comejena.
(Aparentemente alarmada.) ¡No te
vayas a marchar, sin ti con ellos me
aburro!
Entran Gato y Burro. El Gato viene junto
a Rita. Burro queda detrás de la cerca,
de modo que sólo se le ve la cabeza.
Gato.
(Aparte, al Burro.) Oye, tú ahí,
calladito.
Burro.
Oye, ¿qué pasa, socito?
Gato.
Mira esto… (A la Ratica.) ¿Quién
cantó con esos aires, quién mostró tales
donaires? ¿Es, es usted, preciosa Rita,
la de la tal cancioncita?
Rita.
No. Esa voz, tan dulce y plena, es la de
la Comejena.
Comejena.
(Feliz.) ¡Ay, gracias!
Gato.
(Al Burro. Tratando de ser gracioso
con Rita.) Resulta que le da pena
reconocer su talento, y con modestia y
con tiento lo achaca a la Comejena. Pero
esa voz en que suena una cascada y
flamea…
Rita.
(Le interrumpe.) ¡Aunque usted no
me lo crea, es la de la Comejena!
Comejena.
(Molesta.) ¡Sí! Tan fresco…
Gato.
Mire, no crea que…
Rita.
¡Me voy, Comi…!
Los tres.
¿Se va?
Rita.
Sí. Me voy a marchar, a hacer un dulce
de leche.
Comejena.
¡Guárdame un poquito!
Rita.
¡Claro! ¡Con permiso! (Va a salir.)
Gato.
¡Oiga!
Rita.
¿Sí?
Gato.
Si no se puede evitar… El dulce, que le
aproveche.
Rita.
¡Gracias! (Sale.)
Burro.
(Al Gato, que ha quedado como
encogido.) Quedó el infeliz callado,
igualito que un difunto. (Ríe.)
Gato.
(Animado.) Nada, volveré al
asunto para traerla a mi lado.
Burro.
¿Quieres que volvamos juntos?
Gato.
Usted, manténgase al punto y míreme
hacer, ¡callado! (Muy dramático.)
¡Comejena!
Comejena.
¿Sí?
Gato.
Estoy solo, abandonado. Sin amor, casi
perdido… Por amor, desesperado, por amor
solo, encogido. (Canta.) ¡Estoy
triste de raíz (Burro le acompaña
haciendo voces.), abandonado
infeliz!
Burro.
¡Ay, infeliz!
Gato.
Hecho tierra, fango gris, y nadie se
apiada de mí.
Comejena.
La verdad, me ha conmovido.
Burro.
(Gozoso.) Siempre que canta, me
excita.
Comejena.
Bueno, dígame qué necesita.
Gato.
¡Que le manifieste a Rita lo que yo le
diga a usted!
Comejena.
Ay, qué pena pasaré cuando me vea la
vecina de alcahueta y Celestina. Pero,
en fin, lo ayudaré.
Burro.
Entera ahí, come come.
Comejena.
¿Qué dice?
Gato.
(Aparte a Burro.) Compañero, no
me embrome, ¡me vas a perjudicar! (A
Comejena.) ¡Ahora la voy a llamar!
Comejena.
Sí, es probable que se asome.
Gato.
(Gritando.) ¡Rata Rita!
Burro.
Oye, ponle la voz más bonita.
Comejena.
¡Niño, acabaste!
Rita.
(Entrando.) Señor Gato, ¿todavía
está usted aquí?
Burro.
Cuerpo entero. No lo ve. ¡Sí!
Rita.
¿Alguien me mandó a llamar?
Comejena.
El señor Gato quería transmitirle un
sentimiento.
Rita.
Sí. ¿Y al Gato qué le pasó? ¿Él perdió
la lengua acaso?
Burro.
No, niña, no viene al caso, él sólo se
me aflojó.
Rita.
¿Y qué sentimiento quería transmitirme,
amigo Gato?
Gato.
Con la Comejena trato de mostrarle el
corazón.
Comejena.
¡A mí, que no rompo un plato, ponerme en
tal situación!
Burro.
Y a mí, que desde hace rato, sé que es
un sivergüenzón.
Gato.
(Molesto.) Chico, mira que…
Rita.
(Interponiéndose.) ¡Basta!
Evitemos las tensiones del alma y del
sentimiento… ¡Señor Gato!
Gato.
(Entusiasmado.)
¿Sí?
Rita.
¡Yo lo siento!
Gato.
Pero ¿por qué?
Rita.
Pues son muchas las razones que tienen
los corazones para dar un sentimiento…
(Canta.) ¡Cada naranja tiene su
mitad, esa es la fórmula ideal: tal para
cual!
Todos.
¡Tal para cual!
Rita.
¡Lo natural!
Todos.
¡Lo natural!
Rita.
¡Sólo así vendrá, la felicidad, porque…!
Todos.
¡Porque…!
Rita.
Cada naranja tiene su mitad.
Burro.
(Burlón.) ¡Cuchi cuchi!
Gato.
¿Qué?
Burro.
¡Te plancharon!
Comejena.
No, y yo qué pena pasé.
Gato.
(Amistoso.) No importa,
agradeceré todo lo que me ha ayudado.
(A Rita.) Y aunque un poquito
apenado, yo me disculpo ante ti,
estimada roedora.
Burro.
Oye, tenemos que irnos ahora.
Gato.
Aún no me despedí.
Burro.
Termina, te espero aquí.
Gato.
(Exagerado.) Yo me despido de ti,
estimada roedora. No, espere, me
equivoqué. Yo… me despido con placer.
Burro.
(Burlón.)
¡Er!
Rita y la Comejena ríen.
Gato.
Me despido con placer para que todo
termine.
Todos.
(Alegres.)
¡Ine! (Ríen.)
Gato.
Digo adiós y echo a correr.
Todos.
(Del mismo modo.)
¡Er!
Gato.
(Devolviendo la broma al Burro.)
¡En el caballo que vine!
Rita y la Comejena se ríen del Burro.
Burro.
No importa, no me desmayo, porque creo
en tu amistad. Bien sabes que no es
verdad, decirle al Burro caballo. Y
vamos, que te llevo como un rayo a
buscar tu otra mitad.
Gato.
¿Dónde vamos ahora?
Burro.
A buscar una gatica siamesa que quiera
conocerte.
Gato.
¿Sí? ¿Y cómo se llama?
Burro.
¡María Ramos! ¿La conoces?
Gato.
No. Pero ahora mismo voy a conocerla.
(A Rita y la Comejena.) ¡Adiós!
Las dos.
¡Adiós! (Salen el Burro y el Gato.)
Rita.
(Muy seria después de la salida del
Burro y el Gato.) ¡Este romance
inesperado sólo me trae confusión!
Comejena.
¿Algún principio obligado o el roce de
una ilusión?
Rita.
No, es que en amor la reflexión es un
consejo obligado.
Comejena.
(Aparte.) ¿De dónde lo habrá
sacado?
Rita.
Es que… Mira, Comejena, ni Burro, ni
Sapo, ni Gato han dado qué sentir al
corazón.
Comejena.
(Como si se le escapara.) ¡Hmmm!
¡Esto está oliendo a Ratón!
Rita.
¿Tú dijiste Ratón?
Comejena.
Sí, ¡eso dije!
Rita.
(Alborozada.) Por cierto,
Comejenita, ¿podrías hacerme un favor?
Comejena.
Caramba, pedir se puede, cuando se está
enamorada.
Rita.
Pues pídame una llamada al doscientos
veintinueve.
Comejena.
¡Enseguida! (Aparte.) Si es
necesario interfiero.
Rita.
(Olvidada de la Comejena.) Dígale
usted que lo quiero.
Comejena.
¿Cómo?
Rita.
Yo no sé, no dije nada.
Comejena.
Ah, bueno. Voy a poner la llamada.
Suena un timbre antiguo. La Comejena se
asoma y se disculpa.
Comejena.
Lo siento, hija, es un teléfono exiguo,
manigueta y timbre antiguo. (Saca el
teléfono.) ¡Comunitario! ¿Eh? ¿Qué
comunitario llama? ¡El del Callejón del
Queso, que el veintinueve reclama! ¿Con
quién? Con el Ratoncito Pérez… (A
Rita.) Niña, que en todo el día no
ha estado.
Rita.
(Molesta.) ¡Ay, qué pena!
Comejena.
Bueno, ¿qué hago?
Rita.
Déjele usted mi recado.
Comejena.
Mire, que venga de mañanita adonde
Ratica Rita. ¿A qué?
Rita.
¡A buscar su monedita!
Comejena.
A buscar su monedita… Bueno, punto y
fuera.
Rita.
(Feliz, tarareando algo va a
marcharse.) ¡Adiós!
Comejena.
¡Oye, niña!
Rita.
(Percatada.) Ah, Comejenita,
dígame cuánto le debo.
Comejena.
Nada, hija, lo pagas luego.
Rita.
(Eufórica.) ¡Gracias, Come…!
(Sale.)
Comejena.
¡Bueno! Gracias, siempre es lo mismo,
como si con ella pudiera alguna cosa
comprar… Yo te digo a ti…
Desaparece. La Ratica viene a la
ventana, desde ella se inclina a mirar
el cielo, levemente bosteza, y cerrando
las dos hojas de la ventana, obliga la
noche a la escena.
La escena azul. La luna redonda se hace
ver sobre una parte del banco y una
parte de la ventana de Rita. Es noche,
magia y poesía.
Ratón.
(Entra, seguido del Gato que le dice
cosas. Agitado y nervioso.)
Ella dijo que mañana y mañana, es
mañana…
Gato.
¡Hoy y ahora, no vaya a ser que otro
Ratón se te adelante!
Ratón.
Pero si ella…
Gato.
¡Nada! ¡Guapito ahí! (Sale.)
Ratón.
(Espera que salga el Gato y trata de
irse por el lateral contrario, pero es
interceptado por el Sapo, que le obliga
a regresar al centro de la escena.)
¡Ella dijo mañana!
Sapo.
¡No te me arratones! ¡Guapito ahí!
Sale. El Ratón insiste en escapar.
Entran a escena el músico con una
guitarra, el Sapo y el Gato y se colocan
frente a una ventana, dispuestos a
ofrecerle una serenata a la Ratica.
Ratón.
(Inquieto. A los músicos que afinan
voces y guitarra.) ¡Bajito!, se va a
despertar la Comejena. Mañana podemos
hacer la serenata. (Nadie hace caso y
comienza la serenata.)
Los tres.
(Cantan.)
La luna bonita
con su luz de plata,
te canta, Ratica,
su serenata.
La noche es un beso,
la luna una flor.
Ratica, por eso,
es noche de amor.
La luna bonita
con su luz de plata,
te trajo, Ratica,
su serenata…
Rita abre la ventana y los aplaude. Los
músicos le agradecen y cantando se
dirigen a un lateral. Desde allí, llaman
la atención del Ratón, y cuando este los
mira:
Gato y Sapo.
¡Guapito ahí! (Pícaros y maliciosos,
salen cantando y divirtiéndose de
escena.)
Ratón.
(Tembloroso, queda solo con la
Ratica, sin saber qué hacer o decir.)
¡Está la noche bonita!
Rita.
(Pícara. Alegre.) ¡Bonita y
enamorada!
Ratón.
(Aparte.) Yo de esto no entiendo
nada. (A la Ratica. Escapando.)
¡Hasta mañana, Ratica! (Ante el
estupor de la Ratica va a abrir la
puerta que conduce al patio para salir,
pero, una mano enguantada lo detiene con
una flor, se la entrega y cierra la
puerta. Muy confundido va con la flor
hasta la Ratica.) ¡Como la noche es
bonita te doy una florecita!
(Tembloroso, le entrega la flor.)
Rita.
(Muy complacida.) ¡Gracias! ¡Qué
bonita!
Ratón.
(A punto de escapar de nuevo.)
Yo…
Rita.
Espera, mira, yo sé qué es para los dos
mejor.
Ratón.
Sí.
Rita.
Claro. ¿Tú no me diste una flor?
Ratón.
(Cada vez más temeroso. Aparte.)
¡Yo no sé lo que me pasa que ella me
pone a temblar! (A Rita.) ¿Qué
cosa me ibas a dar?
Rita.
(Zalamera.) ¡Cafecito, cafecito
con melaza!
Ratón.
Entonces tráeme una taza, para tomármelo
aquí afuera.
Rita.
(Disgustada.) ¡No! Porque se
puede enfriar. Sería mejor entrar y
tomártelo en la casa.
Ratón.
(A punto de salir corriendo.)
¡Adentro! (Aparte.) Para que
reviente mi corazón con temor. (A
Rita.) No, Rita, afuera es mejor, es
noche de primavera, y la luna es un
primor.
Rita.
(Tozuda.) ¡Que no! Que adentro es
mejor. (Dispuesta a salir a
buscarlo.) No te escapes, por favor,
espera un momento, espera…
(Desaparece dentro de la casa.)
Ratón.
(Escapando.) Esperar, eso
quisiera, ¡pero me falta el valor!
Rita.
(Lo detiene, trae la flor.)
¿A dónde ibas?
Ratón.
(Atrapado.) No, yo…
Rita.
(Pícara.) ¡Está bonita la flor!
Ratón.
(Buscando un motivo para escapar.)
Sí, ¿quieres que te traiga más?
Rita.
(Casi empujándole por la espalda
hacia la casa.) No, mañana, mañana
me traerás más, si lo quieres.
Desaparecen junto a la casa de la
Comejena. Un momento después, el Ratón
viene en puntillas desde el interior
hasta la ventana, deja caer las
zapatillas fuera de la casa y procede a
saltar la ventana. Rita, percatada, ha
dado la vuelta por el patio se le
adelanta y toma las zapatillas y le
espera con ella en la mano, risueña,
feliz. Después de saltar la ventana, el
Ratón, creído de que ha escapado, se
vuelve para tomar las zapatillas y se
encuentra con el rostro malicioso e
iluminado de la Ratica.
Rita.
(Dulce.) ¿Se te perdieron?
Ratón.
(Desfallecido.) Sí… cuando… la…
Rita.
¡Que suerte, yo las encontré!
Ratón.
(Desconcertado.) Rita, yo no
puedo tomar café de noche.
Rita.
(Mientras le lleva.) ¿Por qué no?
Ratón.
(Desapareciendo.) ¡Porque me
desvelo!
Rita viene hasta la ventana, mira que
nadie los ha visto y, con mucho
entusiasmo, cierra la ventana. Se hace
la noche completamente oscura hasta la
madrugada, que viene con sus gallos, y
después con sus pájaros y sus luces
bonitas llega la mañana.
Sapo.
(Asoma junto al Gato, por detrás de
la cerca. Percatado de que están solos,
conversan, bajito.) ¡Se habrá
quedado, el cobarde, tan flojo que
parecía…!
Gato.
Quizás lo simularía para atraparla más
tarde. Que hay quien la mano daría, por
el amor, sin alarde! (Van en
puntillas hasta la ventana, y después de
mirar en todas direcciones, intentan
observar el interior de la casa a través
de los cristales. Suena el despertador.)
¡Corre como un volador!
Sapo.
¡Que sonó el despertador!
Se sientan sobre el banco, simulando
casualidad e indiferencia.
Gato.
(Bajo.) Como dice el refrán, el
viento y la montaña nunca podrán hacer
casa juntos.
Sapo.
(Entusiasmado, suspicaz y alegre,
canta una tonada guajira, mientras el
Gato intenta hacerle bajar el tono.)
¡Se acostó de buena gana y feliz el
ratoncito, y se levantó tempranito, muy
contento esta mañana!
Adormilado y ajeno, el Ratón aparece por
el patio, lustrando una manzana. De
pronto, descubre la presencia de los dos
vecinos, y abochornado y con rubor, abre
la puerta, sale e intenta esconder la
manzana, hasta que lo hace.
Sapo y Gato.
(Alegres y maliciosos.) ¡Buenos
días!
Ratón.
(Cortado.) ¡Buenos días!
(Intenta confundir a sus vecinos tocando
y retocando la cerca.)
Sapo y Gato.
(Puestos de acuerdo.)
Bueno, ¿y qué hace?, ¿trabajando?
Ratón.
(Enredado.)
Sí, aquí la cerca arreglando, por los
rayos y los truenos… (Intenta
aislarse de nuevo.)
Sapo y Gato.
(Pícaros y retozones.) Y la otra
criatura, ¿también está trabajando?
Ratón.
Sí… no… ella…
Rita.
(Abre la ventana, y sin ver a los dos
vecinos, se dirige al Ratón, zalamera y
dichosa.) ¡No te vayas, mi ternura,
que el café ya está colado! (Los ve
y, tartamudeante y amanzanada, intenta
saludarlos.) ¡Bue… buenos días!
Sapo y
Gato. ¡Buenos días! (Risitas
cargadas.) ¿Durmió bien?
Rita.
Sí… ¿y ustedes?
Sapo y Gato.
(Gozosos.) ¡También! (Cruzando
las piernas a un tiempo.) ¡Ay,
caramba! (Súbitamente se levantan.)
Bueno, nosotros nos vamos, ¿y ustedes?
Rita y Ratón.
(Sorprendidos.) ¿Nosotros?
(Desfallecidos.) ¡Aquí!
Gato y Sapo.
(Salen, sinvergüenzas, con risitas
largas y cortas.)
¡Adiós! (Cantan.) ¡Qué noche más
bonita la de anoche!
Sapo.
(Deja de cantar y llama la atención
del Ratón, que se le acerca cohibido.)
Oye, ¡guapito ahí! (Se va de risa.)
Rita.
(Al Ratón.) ¡Pérez!
Ratón.
¿Sí?
Rita.
(Amorosa.) Voy al mercado a
buscar la golosina. ¡No te quiero en la
cocina!
Ratón.
(Complaciente.) No, estaré afuera
sentado.
Se queda solo.
Ratón.
¡El cielo está salpicado con un azul de
ilusión! (Suspira.) ¡Como tengo
el corazón, dulce, tierno, enamorado,
escogeré una canción para cantarla a su
lado!
Él se sienta en el banco. Ella aparece
con cofia, sombrilla y una cesta de
compra, va y se sienta a su lado. Cantan
y entre otros encantos llueven pompas
del cielo.
Los dos.
¡Hubo un lucero azul
anoche entre los dos,
pero la noche pasó.
Fue dulce tu rubor
y alegre mi canción,
mas la mañana llegó.
Habrá tanto que ver,
tanto por realizar,
tanta dicha por ser,
tanta felicidad…!
Rita.
Al mercado me iré.
Pronto regresaré…
Ratón.
¡Aquí te esperaré, amor!
Rita.
¡Aquí me esperarás, amor!
Los dos.
¡Todo será otra vez, amor…!
Se despiden y, cuando ella desaparece,
él va hasta la cerca, toma la manzana
escondida. La mira con deleite.
Ratón.
¡Al fin solos! (La lleva a la boca,
como si la mordisqueara y desaparece
feliz.)
Comejena.
(Que ha visto salir al Ratón. Con
sorna.) ¡Solo! Eso te crees tú.
Ríe. Por detrás de la puerta del patio,
la Bruja asoma la cabeza. La Comejena la
ve y permanece oculta.
Bruja.
(Mira a todas partes.) ¡Vine a
buscar la manzana y está la casa
cerrada! (Va hasta la ventana e
intenta husmear en el interior de la
casa. Después, va frente a los
espectadores.) ¡El asunto es que,
con ganas, quise al cuento regresar, mas
como iba sin la manzana no me dejaron
entrar. Ahora la vine a buscar, pero si
Rita la halló sabrosa y se la comió…
Comejena.
¡Señora, quien la vio no la olvidó!
Bruja.
(Súbitamente alegre. Aparte.) ¡El
diablo me la mandó! (A la Comejena.)
¿Puedo hacerle una pregunta?
Comejena.
¡Lo mismo una que dos!
Bruja.
¿Usted sabe si la Rita la manzana se
comió, y dando una patadita quedó tiesa
y se murió?
Comejena.
(Fingiendo sorpresa.)
Caramba, ¿qué escucho yo? Resulta que
la manzana que a Rita le fuera dada por
usted… ¿fue envenenada?
Bruja.
(Ladina.) Sin querer, equivocada.
Pero, en fin, si la comió…
Comejena.
(Tramposa.) ¡La pobre se
fastidió! Bueno, yo, con gesto
irresoluto, me pondré un poco de luto,
que por cierto, está de moda. (Ríe y
se pierde.)
Bruja.
¡Ella sólo me incomoda! Bueno, yo me
daré mis brujas artes para buscarla
enseguida. Como está en juego mi vida,
la buscaré en todas partes. (Sale
disparada.)
Comejena.
(Después que sale la Bruja.)
Tonta, lo que para ti es tragedia, para
mí es sólo comedia. (Ríe. Ve llegar a
Rita, y se esconde.)
Rita.
(Entra, y, mientras busca al Ratón,
canta.) ¡Ratón Pérez! ¿Dónde estás?
He venido del mercado, de donde traje un
regalo, no tan caro, para ti. ¿Dónde
estás? ¡Ven a mí! Que quizás, ya te vi…
(Ve a la Comejena.) Vecina, ¿cómo
te sientes?
Comejena.
¡Como una pluma en el viento, de punta
con vuelta y media! (Ríen.) Por
cierto, me enteré de tu tragedia, te
acompaño en el sentimiento.
Rita.
(Extrañada.) ¿A mí? ¿Por qué
habrías de hacerlo?
Comejena.
Nada, después de lo que ha pasado, lleva
el pésame razón.
Rita.
(Percatada.)
¿Y qué ha pasado?
Comejena.
¿No se murió tu Ratón, pobrecito,
envenenado?
Rita.
(Maliciosa.)
¿Que murió mi compañero?
Comejena.
Bueno, hija, por lo que dicen, ¡dicen!,
entero.
Rita.
Ah, por lo que dicen…
Comejena.
Y yo, yo en gesto irresoluto, como
vecina de bien… (Le muestra el
pañuelo negro en la cabeza.) ¡Mira,
me he puesto un toque de luto! ¿Te lo
pondrás tú también?
Rita.
¿Y cómo sabes que murió? ¿Acaso lo viste
muerto?
Comejena.
¿Verlo muerto? ¡No, hija, no! (Ríe.)
Rita.
(De pronto deja de reír y se pone muy
seria.) ¡Aunque!
Comejena.
¿Qué?
Rita.
¿Por qué no me recibió?
Comejena.
¡Qué se yo!
Rita.
(Irritada.) La verdad, nada
ocurrió a ese pícaro bandido.
Comejena.
(Aparte.)
¡Tremendo lío se armó! (Ríe.)
Rita.
(Cada vez más molesta.) ¡Claro!,
a él nada le ha sucedido, él, él sólo me
abandonó… (Canta y se lamenta.)
Entran el Sapo y el Gato y cantan
juntos.
Rita.
Cuando yo me fui al mercado
lo dejé recién casado.
Cuando a mi casa volví,
en ningún sitio lo vi.
Sapo y
Gato. ¡Qué triste, qué triste,
qué triste está,
qué triste, qué triste! ¡Ah!
Rita.
Ahora yo no sé qué hacer
con tan triste realidad,
se fue mi felicidad
con él, para no volver.
Sapo y
Gato. ¡Qué triste, qué triste,
qué triste está,
qué triste, qué triste! ¡Ah!
Rita.
(Seguida del Sapo y el Gato, va y se
sienta graciosamente trágica sobre el
banco. Dramática.) ¡Oh, cruel
destino de sombra que hace a mi amado
perdido!
Sapo y Gato.
(Ridículos.) ¡Qué bonito lo ha
dicido!
Rita.
(Estimulada en su juego dramático por la
conducta de sus vecinos.)
¡Si es mi corazón sufrido quien con
sollozos le nombra!
Sapo y Gato adoptan una postura que
permite a la Comejena hacer un aparte
con Rita.
Sapo y
Gato. ¡Oh!
Comejena.
¡Ay!, con tanto drama me asombra.
Rita.
(Molesta.) ¿Y quién a ti te ha
metido? (Vuelve a su postura trágica,
dramática.)
Sapo.
(Tomando la iniciativa al Gato, que se
ve sorprendido.)
¡Ridículo es sollozar por lo que a ti te
ha pasado! (Le toma las manos.)
¡Yo siempre estaré a tu lado, conmigo
puedes contar!
Gato.
(Celoso. Aparte.) ¡No me dejaré
tumbar! (Sorpresivamente grita.)
¡Al ladrón!
Sapo.
(Tomado desprevenido. Se levanta de
un salto.) ¡Cierra el portón!
(Corre hacia la puerta del patio. Cuando
se vuelve descubre que el Gato se ha
sentado junto a la Ratica, y
estrechamente le habla.)
Gato.
¡Comparto tu sollozar, por ti dispuesto
a morir! Ahorita me tengo que ir. ¿Me
quieres acompañar?
Sapo.
(Irritado. Grita.)
¡A este lo voy a matar!
Rita.
(Percatada del enfrentamiento.
Temerosa.) ¡Oh! (Sorprendido el
Gato se levanta y va junto al Sapo.)
¡Oh! (Se levanta y avanza
lentamente.) ¿A dónde podré ir, si
he perdido la razón? ¡Se muere mi
corazón! ¡Se muere! ¡Se va a morir!
(Se echa sobre el banco, muy teatral.)
Sapo y Gato.
(Se miran.) ¿Se irá a morir?
Comejena.
¡Qué manera de fingir!
Rita.
(Aparte a la Comejena.) ¡Oye, te
están escuchando!
Comejena.
¡Pues deja ya de fingir!
Sapo y Gato.
¡¿Fingir?!
Comejena.
(Disfrutando del efecto que causa.)
Todo es difícil e incierto. De nada vale
acusar a quien quizás pueda estar dentro
de la casa muerto.
Los tres.
¡Muerto!
Sapo.
(Mientras la Ratica corre al interior
de la casa y el Gato se empeña en ver a
través de la ventana, él se dirige a la
Comejena.) ¿Qué tú cuentas,
Comejena?
Comejena.
(Divertida.) ¿Te interesa,
mascarita?
Sapo.
(Suficiente.) ¡En tratándose de
Rita, toda suspicacia es buena!
Rita.
(Grita, llamando la atención de todos
y se reúne con los demás saliendo por la
puerta del patio.) ¡No! No está
muerto el picarón, dentro o fuera de la
casa. (Sinceramente irritada.)
Sólo me dio calabaza, me abandonó,
¡socarrón!
Vuelve al banco y se sienta. El Gato y
el Sapo le siguen y se estrechan,
aprovechados, junto a ella.
Sapo y
Gato. ¡No tienes por qué
angustiarte!
Sapo.
(Se adelanta al Gato y toma las manos
de la Ratica.) ¡Frías tus manos
están, de calor las llenaré!
Gato.
(Burlado.) ¡Saca las tuyas,
caimán, o yo te las cortaré!
Sapo.
(Exagerado.) ¡Me retas!
Gato.
Bueno, sí, ¿y qué?
Sapo.
Pues nada, ¡acepto tu reto!
La Ratica se separa de ellos, como
asustada. Por detrás de la cerca del
patio se asoma el Conde Valentín.
Conde.
(Aparte. Observándolos.)
¡Vaya falta de respeto, no se lo
permitiré! (Pistola en ristre, se
adelanta hacia el Gato y el Sapo.)
¡Basta! ¡Dejen a la dama sola, o con mi
antigua pistola los mataré, sabandijas!
Sapo y
Gato. (Sorprendidos, junto a
la Ratica, intentan sobreponerse.)
¿Amenazados de bala, de qué tamaño las
tira?
Conde.
¿Las balas?
Sapo y Gato.
¡Sí!
Conde.
(Exagerado.) ¡De este tamaño!
Gato y Sapo.
¿Ese tamaño de bala?
Conde.
¡Anjá!
Sapo y Gato.
¡Se puso la cosa mala!
Corren asustados, temerosos, y se
parapetan detrás del banco. El Conde
avanza hacia ellos en el momento que
Rita, asustada, sale corriendo y en su
fuga, tropieza con la mano armada del
Conde, haciéndole girar. Cuando se
detiene, la pistola del Conde le está
apuntando a ella.
Rita.
(Asustada.) ¡Ay!
Sapo y Gato.
¡Ay! (El Conde se separa de la
Ratica, y les apunta directamente con la
pistola. Muy asustadas.) De nos tu
pistola aleja, no sea que con suspiro se
vaya a escapar un tiro, ¡y nos enfría la
molleja!
Comejena.
¡Vaya charlatanería! Cuando la cosa es
en serio y aparece el cementerio…
Sapo y Gato.
¡Solavaya!
Comejena.
(Riendo.)
¡Se acaba la guapería!
Conde.
¡Vuelvo a tomar puntería!
Rita.
(Interrumpe su acción.) ¿Quién
eres tú, Valentín, que de valiente
procede, que con tal pistola puede a mi
tristeza dar fin?
Conde.
(Sin desviar la pistola, que apunta
sin pretenderlo la cabeza de la Ratica.)
¿Por qué sufres?
Rita.
(Preocupada.) ¿Me apuntas o me
preguntas?
Sapo y Gato.
(Asustados.) Hizo las dos cosas
juntas.
Conde.
¿Y quién destrozó tu ilusión?
Rita.
(Sospechando.) ¡La ingratitud de
un Ratón que fue con mi amor traidor!
Conde.
¿Y aún lo amas?
Rita.
Claro, ¡un montón!
Conde.
Pues no temas más, no sufras más,
bobita, y seca tus lagrimitas porque
aquí está… (Se quita la máscara.)
¡tu Ratón!
Rita.
(Conmovida.) No es posible,
asombro y callo. (Al Ratón y al Sapo
que están consternados.) Y aunque
les parezca o les importe poco, ese
Ratón no está loco, es mi esposo y yo…
(El Ratón le abre los brazos,
emocionado. Rita, teatral, va junto al
banco.) ¡Desmayo! (Se deja caer.)
Ratón.
(Apasionado.) Cayó la infeliz
cual banco de saeta disparada.
Comejena.
¡No, señor, no cayó nada, sólo se tiró
en el banco!
Ratón, Gato y
Sapo. ¡Eh!
Gato.
¡Pobrecita, sus ademanes agónicos
resultaron!
Sapo.
(Apretándose junto al Gato a la
Ratica.) ¡Pobrecita, la mataron!
Ratón.
(Aparte.) ¡Pero, qué vivos, qué
vivos son estos astutos Don Juanes!
(Pistola en mano.) Apártense,
camajanes, o les rompo el corazón.
Gato y
Sapo. (Volviéndose.) ¡Otra
vez el pistolón! ¡Qué de abusos y
desmanes! (Corren perseguidos por el
Ratón.)
Rita.
(Se interpone entre su Ratón y los
otros y detiene las acciones. Muy
enamorada.) Pérez, ¿has vuelto así,
sin aviso, como un caballero andante?
Bruja.
(Aparece detrás de la cerca y
sorprende a todos.) No, hija, no, ha
vuelto así, porque quiso hacerse el
interesante.
Comejena.
(Con sus compañeros, aparte.)
Mírenla, ¿quién lo diría?
Gato.
¡O se atrevería a decirlo!
Sapo.
Mas debemos admitirlo…
Todos: ¡Regresó la brujería!
Bruja.
¿Decían?
Ratón.
No, nada. ¿Todavía está perdida?
Bruja.
¡Qué idea más casquivana! Vine a buscar
la manzana para marcharme enseguida.
Rita.
(Fuerte.) ¿La manzana? Jamás lo
haría, de suerte que mi conciencia no
pueda condenar a Blanca Nieves con una
manzana a muerte.
Bruja.
(Feroz.) O me la devuelve usted,
o la embrujo de una vez. (Se dispone
a hacerlo, todos se asustan.)
Todos.
¡Nooo!
Comejena.
¡Qué cosa! ¡Aplicar tormento a un cuento
desde otro cuento!
Sapo.
¡Señores, no acaba nuestra agonía, se
agrava la situación!
Gato.
¡Primero era el pistolón, y ahora la
brujería!
Ratón.
(Conciliatorio.) ¡No teman!
(Saca de un bolsillo la manzana y la
muestra, triunfante.)
Sapo.
¡Mírenla!
Gato.
¡Apareció!
Bruja.
¡Mi manzana!
Rita.
(Dando pataditas en el piso.)
¡Eh!
Sapo, Gato y Ratón.
(A la Bruja. Molestos.) ¡Ayer se
la regaló!
Bruja.
¡No se atrevan!
Ratón.
¡De ella es y a ella se la daré! (Va
con la manzana y se la entrega a Rita.
Todos quedan estáticos. Se dirige al
público.) ¡Girad contentos la vieja
noria, y haced sin miedo memoria de tal
acontecimiento, nadie cambiará la
historia verdadera en ningún tiempo!
(Todos se animan.)
Comejena.
¡Qué gran acontecimiento!
Gato y Sapo.
¡De la historia, es un portento!
Rita.
¡Escuchen! (Todos la miran.)
¡Devolveré la manzana!
Todos.
¡Ohhh!
Rita.
(Avanza, el Ratón se adelanta para
recibir la manzana, ella lo elude y la
conduce directamente a la Bruja, y le
pone la manzana en las manos con gesto
duro.) ¡Tomad la manzana!
Gato y Sapo.
(Divertidos.) Vaya, de qué mala
gana…
Rita.
¡Escuchen! ¡Que se aprecie el
sentimiento de la conciencia lozana!
Gato, Sapo y Ratón.
¡Colectiva y ciudadana!
Rita.
¡Que se lleve la manzana!
Todos.
(Alegres, a la Bruja.) ¡Y que se
la lleve el viento! (Risas.)
Bruja.
(Indignada. Rabiosa.) Total, si
este cuento, no es mi cuento.
(Emprende la salida.)
Rita, Gato y Sapo van hasta la cerca,
divertidos, molestando a la Bruja.
Momento que aprovechan el Sapo y el Gato
para acercarse a la Ratica y sonsacarla,
melosos y atrevidos.
Ratón.
(Al público.) ¡Todo vuelve a su
lugar! (Mira hacia la Ratica y ve con
alarma lo que sucede.) Eh, no me
puedo entretener, con Rita debo volver
corriendo a mi dulce hogar.
Comejena.
(Divertida.) O te mandas a
correr, o te la van a tumbar. (Ríe.)
Ratón.
(Con fuerza.) ¡Rita!
Rita.
(Se separa de un salto y se pega al
Ratón.) ¿Me llamabas, ratoncito?
¿Qué te sucede, qué pasa?
Gato y
Sapo. (Envidiosos.) ¡Nada,
que quiere tomar cafecito con melaza!
Ratón.
(Duro.) ¡No, señor! Que dejé la
llave en casa, y quisiera regresar…
Rita.
(Melosa.) Yo también quisiera
entrar… (Al oído del Ratón.)
¡Enseguida!
Los dos se miran y se ríen con malicia.
Sapo y Gato.
(Vencidos.) ¡Bah!
Rita y
Ratón. (A sus vecinos, que
permanecen petrificados, mirándolos.)
¡Hasta mañana, vecinos!
Sapo y Gato.
(Como piedras.) Ah, sí… (Van a
salir.)
Ratón.
¡Ah! (Los vecinos se vuelven.) Y
no olviden el camino cuando quieran
regresar. (Abre la capa, y como quien
no quiere las cosas, deja ver su
pistola.)
Sapo y Gato.
No, no lo vamos a olvidar… (Se
estatizan.)
Rita.
(Romántica. Zalamera.) Entramos,
mi corazón.
Ratón.
(Igual.) Claro, ¿qué voy a
esperar? (Estático.)
Comejena.
(Sola en luz.) Lo que es la
envidia en acción, ¿se fijaron? Oye, que
no pude demostrar la fuerza de mi
actuación. Mas olvidaré mi aflicción y
que el público me vea, feliz, cerrar la
función… ¡Que se encienda la platea!
(Se enciende.) ¡Gracias! ¡Y que se
cierre el telón!
Música y telón. |