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A manera de prólogo.
Actor-presentador:
Por el camino más largo, que nadie le ha
visto el fin, viene Lagarto Pisabonito;
lleno de puro gozo viene. En curvo y
garabato andar anda y desanda su andar,
como hombre de cierta historia, de
conducta y buena estimación. Pantalón y
camisa todo de verde limón, sombrero de
jipijapa y corbata colorá, adornan su
atuendo que otro tiempo, ¡tiempo aquel!,
ostentara con orgullo y presunción.
(Acompañado de una tonada campesina como
un conjuro litúrgico, invoca la
presencia en escena de Lagarto
Pisabonito.)
Te voy a formar un nudo
por ver si lo zafas solo
(Lo busca con la vista. Al fin lo ve
allá, en lontananza, en donde mece la
brisa el blanco güin de la caña, lo
encuentra y lo desencuentra. Como una
invocación canta para precipitar su
advenimiento.)
de un peludo pollo bolo
de un bolo pollo peludo.
¡Jip... Jip... Jip...!
(Lo siente venir. Su cuerpo todo se
contorsiona. Cae en trance, como cuando
un espíritu se monta en una persona. Da
violentamente un giro sobre su propio
eje. Lagarto Pisabonito, en estados
intermedios de éxtasis, se le adentra
lentamente, se apodera de todo su
cuerpo: pies, piernas, brazos, manos,
caderas, torso, rostro, ojos, mente.)
¡Jipijapa de la jipijapería! ¡Llegué yo!
(Cual ritos de fertilidad agraria y de
resurrección, aparece en el
Actor-presentador, Lagarto Pisabonito.
Gallonea (de gallo) su andar por toda la
escena. Festivo, ceremonioso, litúrgico.
Orgulloso de su vestimenta y atavíos
típicos del guajiro gallardo y figurín:
mezcla presente y pasado. Ejecuta su
andar característico, con peculiar y
singular andamiaje, semejando una
imperceptible danza coreográfica, como
si lo acompañara siempre una tonada
guajira. Guía y dirige sus andares y
ademanes. Con cierta solemnidad se
exhibe. Cual sonido de campanas de
bronce suena su alegría y sandunga; como
si hubiera creado toda la alegría del
mundo saluda en su andar.)
¡Vengo de muchas partes y de muchas
partes vengo y sigo viniendo vengo con
gusto y venturoso gusto vengo! ¡Buscando
vengo y huyendo vengo y entre huyendo y
buscando o entre buscando y huyendo con
nuevos giros, tinos y desatinos, se
suelta la rienda el potro, porque, con
el regular del tiempo andando, todo el
mundo buscando y huyendo meten su
cuchara, su cuchareta y cuchufleta! De
modo que en este acotejo acotejado vengo
con mi jícara de cacarajícara muy
descacarajicada jícara y el que la
desencacarajique jique se la pagaré por
ser un buen desencacarajicador de jícara
desencacarajicada! (Transición.)
¡Querido público: salud y entendimiento
para todos los que acompañarme
acompañados vienen conmigo o sinmigo a
ver como:
Pepe Peña
Pela papa
Pica piña
Pita un pito
Pica piña
Pela papa
Pepa peña.
(Transición.)
Cambio de estilo y me acotejo muy
acotejado en este acotejo cotejo con
maraña enmarañada, melodioso e
impreciso. No pido tanto su beneplácito
como su atención más esmerada. Prefiero
ser comprendido a ser admirado. Prefiero
ser admirado que ser ignorado. Prefiero
ser ignorado a no ser entretenido. No
importa que mi invención esté ida de
rosca para serles entretenido. Como a
todo autor le complace siempre su propia
obra, a mí me complace siempre lo que
siempre hacer hago: ¡comer de lo que
pica el pollo! ¡No,no,no! No es para que
ustedes lo coman junto conmigo. Pero
como por suerte o por desgracia su
anfitrión seré y ustedes mis comensales,
pues, lo único que brindarles puedo en
este anfitrionaje anfitrión que yo
anfitroneo es: ¡comer de lo que pica el
pollo! (Se quita el sombrero en señal
de complacencia.) Sin complejo la
calvicie que es señal de inteligencia,
dicen con mucha razón. Mientras más
calvo sea el hombre más inteligente y,
por supuesto (Con marcada intención.)
más ¡es! ¿Es? Bueno, el pelo se puede
caer, pero... ¡es! (Transición.)
Yo no tengo una carrera
de médico o abogado
pero sí un verso adecuado
puedo sacarle a cualquiera.
Supuesto que yo nací
para divertir el mundo
empezaré yo por mí.
Y como ven así
con tipo de escarabajo
pero a mujer que le fajo
me dice siempre que sí.
¡Ah... ah... ah....! Tengo hoy la
autoestima estima muy estimada. Tan muy
estimada tengo la estima muy estimada
estima que
Cuando salgo por ahí
me dicen hasta buen mozo.
Yo no soy muy alabancioso,
pero si mi amor convida
puedo decir que en la vida
temba soy, pero sabroso.
¡Sabroso sabroseao! Y cuando se llega al
caso tengo de todo un poquito:
¡Vacílenme el envoltorio! (Se muestra
como en bandeja.) Sin trucos, ¿eh?
(Con marcada intención.) ¡Con un
talento y... una imaginación, que le
traquetea! Por eso:
Soy como la pimienta
de esa que viene en latica
que el que la masca se pica
y el que la traga revienta.
(A una mujer del público, coqueto y
zalamero, con dignidad donjuanezca.)
Tus labios brindan caricias,
tus ojos brindan desdén.
Cuando unos dicen vete,
los otros me dicen ven.
¡Arráscame y trágame, nena! (En sus
tinos y desatinos giros pierde el
equilibrio y el compás. Controlándose.)
Perdiendo estoy la presencia presentada
a los presentes presentados. ¿Estoy en
nota o no lo estoy? En nota estoy y no
en nota estoy. Beodo estoy. Esa es la
cosa. (Compuesta la descompuesta
figura.) ¡Aquí, en cuerpo vivo, en
desafiante desafío vivo! Y digo y decir
digo, con redecir redigo digo que hay
quien le da lo mismo hilo blanco que pan
negro; pero a mí no me da lo mismo. Cada
cual juega su baraja. Yo con el pan
siempre siemprito. Allá tú que eres como
el guanajo que se queda donde lo coge
la noche; pero compa compito compay, una
cosa es con guitarra y otra cosa es con
violín. El chivo es serio y come papel.
Allá el que quiera ser chivo. Cada
hombre es un mundo. Pero no cada mundo
es un hombre; porque no porque el grillo
es maromero, ni porque el marinero salte
es grillo. Aunque yo conozco a un
maromero que le dicen grillo. Pero
porque le digan grillo al maromero no el
grillo es maromero. Conclusión: La vida
es un cacharro cachurriento. Y ¿qué yo
se de tu cacharro cachurriento? Nada.
¿Entonces...? Cachurriemos el cacharro
cachurriento que si el cacharro
cachurriento se rompe no se compone el
cacharro cachurriento y cada cual con su
destino porque al que le tocó le tocó.
¿Quién soy yo que no eres tú y sin
quererlo tú yo soy que no eres tú?
¡GUAJIRO SOY! ¡Y nací del pueblo de
Pinganilla!
Mi mamá me tuvo a mí
en una noche sombría
marzo diecinueve el día
del mil novecientos treinta y tres.
Y yo de nombre saqué
Ildefonso Sierra García,
alias Lagarto, después.
Cuando yo era chiquitico
un día me desnudé
y en el suelo me senté
en un espejo chiquito
y me vi tan graciosito
que llamé a mi mamá
y le dije: ven acá, mamá,
¿a mí me falta un botón,
o tengo un ojal de más?
¡Leopoldina García Santa Cruz, mi mamá!
¡Que Dios la tenga en su santa gloria!
Cacareaba y cacareaba antes de que yo
nacer naciera: «Mi hijo será un Rodolfo
Valentino». Vieja cará, la vida
cachurrosa cachurrienta nos jugó una
mala pasada. Ni yo soy Rodolfo y mucho
menos Valentino. Así es de cachurrosa
cachurrienta la vida: por mucho que
arree el cochero, siempre le coge la
noche. (Pausa.) Como mi madre no
pudo amamantarme, contrató a la vecinita
de enfrente. (Canturreando.) «La
vecinita de enfrente, ¡parapán!» Con sus
dos piezas de artillería, dispuesta
siempre a disparar, me amamantó hasta
que cumplí los quince años y me
desarrollé completo. Por eso tengo la
boca como capullito de alelí, ¡así!
(Pone la boca como un capullito de
alelí.) Muy persistente era yo en la
lactancia, ¡siempre pegado a la teta!
¡Candela, que ahúman gato! Hasta que me
independizaron de esa ansiada y
prolongada lactancia. Así es la vida de
infortunada. Cuando más acostumbrado
está uno a las costumbres, más se
empeñan en desacostumbrarlo a uno de las
costumbres acostumbradas. Y yo me
pregunto: ¿si se desacostumbra a la
costumbre con tan persistente
desacostumbramiento, qué pasará entonces
con las costumbres acostumbradas? Por
eso soy un desvalido, un despojado. ¡Me
quitaron la tetada! ¡Vecinita, qué
presente te tendré hasta que el día de
morir! Quizás parezca raro vestir como
yo visto. ¿Es delito, ofensa alguna,
vestir como yo visto? Todo hombre ha de
saber que si visto como yo visto es
porque me da la gana de vestir como
visto, y no por eso me dicen Lagarto,
que según los culturosos prendidos a
Larousse, es hombre astuto y taimado:
pero para los sitieros trilleros de
piojillos soy Lagarto por el mucho
laguer que tomaba. ¡Tomé tanto laguer en
mi repuñetera vida que a mil millas la
gente me olían venir! ¡Avemaría caramba
burundanga! Sudaba laguer, meaba
laguer... Después, con la pila de años
que se me echó encima, me dio por el
ron. Ron bueno, primero. Gualfarina
después, como es natural.
(Transición.) Donde falta el ron no
es grata la diversión. (Como por arte
de magia extrae de su cuerpo una botella
de ron imaginaria. Bebe.) El
facultativo facultoso me dijo:
-Lagarto,
si Ud. quiere vivir un tiempo más ni la
huela, ¿okey?
-(Ofendido.)
¿Sabe Ud., facultativo facultoso, cuál
es para mí la satisfacción más grande?
¡Vivir con placer! ¿Y... qué es el
placer, facultativo facultoso? ¿Qué es
el placer? «¡La ausencia de dolor en el
cuerpo y de inquietud en el alma!»
(Estalla en una carcajada sarcástica.)
Al otro lado del río
mi tío tiene un quijonal.
Yo busco y cojo quijones
del quijonal de mi tío.
Quien necesita saber lo que no se debe
saber no sabrá nunca saber lo que saber
no debe saber porque el que sabe no es
el que todo lo sabe sino el que sabe
donde está lo que no sabe. (A uno del
público; agresivo, pero respetuoso.)
Y, ¿sabes tú dónde está lo que no sabes?
(Inquisitivo.) ¡¿Eh, eh, eh?! En
el rebordillín del reborde del ojo del
borde del fondo del cubo está lo que tú
no sabes y quieres saber. Por eso tú no
desembrolla un brollo como yo
desembrollo un nudo:
Tres bolos pollos peludos,
tres peludos bolos pollos.
¡Ñooo! No sé por qué tengo tanto
embrollo con los bolos pollos peludos.
Primero me conformaba con un bolo pollo
peludo; ahora con tres bolos pollos
peludos. ¡Concho! ¿Hasta dónde me va a
llevar esta obstinación obstinada de los
bolos pollos peludos? (A uno del
público.) ¿A ti no te obstina la
obstinación obstinada de los bolos
pollos peludos? Si sigo obstinado en mi
obstinación obstinada de los bolos
pollos peludos terminaré con querer
tener todos los bolos pollos peludos. Y,
entonces, ¿qué haré con mis colchones y
mis cajones? Si atiendo los colchones se
me caen los cajones y si atiendo los
cajones se me caen los colchones, y ¿qué
es mejor para mí, los colchones o los
cajones? No vamos a ser tan
individualistas, ¿eh? Formulemos mejor
el brollo para desembrollar el nudo.
¿Qué es mejor para los bolos pollos
peludos, los colchones o los cajones? Me
parece, me parece que para los bolos
pollos peludos son mejores los cajones
que los colchones. Entonces no hay más
que hablar. Dejo a un lado los colchones
y me cargo los cajones y así mi tío
Trimbambo Chiripazo Potriquín que estira
el rabo y encoge la crin tendrá que
conformarse con su catatrepa y sus siete
catatrepitos. (Triunfal.) ¡A
juncar junqueira de la junquería¡
(Transición.) Ah... ah... ah...
Mirando mirando, ¿qué veo? ¿A Tadeo?
No... veo a un chino cajonero con sus
cajas y cajones. ¿Y para qué viene un
chino cajonero con sus cajas y cajones?
Pues si él me tira las cajas yo le tiro
mis cajones. ¡Vivan mis cajones!
¡Pardiez! ¡Qué de cajones hay en esta
fermosa terra! Mirando mirando otra vez.
¡Qué camino majadero enyugado pinto
guareadeado y vallo veo! ¡Pardiez!
Pardiez no. ¡Coñó! ¡Un sapo con
espejuelos a la orilla de un laurel? Y
allá en el otro extremo:
A Goyito el cocinero
cocinando mandinga
y machacando el ajo
con la cabeza de...de...de... la, la...
espumadera.
(Transición.)
Pues bien, como le iba a decir diciendo:
¡De Pinganilla soy! Todo hombre de
prosapia, y yo soy hombre de prosapia,
tiene su árbol genealógico:
Mi tía Jacinta Borbolla
natural de Candelaria
y presidenta honoraria
del gremio de la cebolla.
Casóse con Don Secunto Culeco quien, en
su fatua altanería, quiso patentizar su
estirpe en su apellido Culeco y, a
prueba de firmeza corajuda, tuvo con
Jacinta Borbolla, gemelos: Bruno y
Santiago Culeco Borbolla. Bruno Culeco
Borbolla casóse con Rosalía Colorao
quien le dio un hijo: Estanislao Culeco
Colorao. Santiago Culeco Borbolla con
Zeferina Caliente y tuvieron, para
frustración de don Secunto Culeco, una
hija: Manuela Culeco Caliente. En esta
rama del árbol genealógico los Culecos
quedaron en Caliente. Sin embargo, en
Bruno Culeco la rama se ramificó de tal
manera que se expandió por montañas y
llanos, villorrios y ciudades. Los
Culeco se expandieron con exuberante
vehemencia por toda la Isla. Desde el
Cabo de San Antonio hasta la Punta de
Maisí: Camajuaní, Lagunilla, Tararacos
(donde están los viejos flacos de
rascarse la nariz),Potrerillo,
Jatibonico, Aguacate. A los Culeco de
Aguacate le pusieron los Culecos
melodiosos, no sé por qué. Intuyo. Así
los Culeco entronizaron su apellido.
Pero como en algunos pueblos no siempre
llaman a la gente pos sus apellidos,
sino por los apodillos que identifican a
las familias, empezaron a proliferar
apodillos de todo tipo:
Culeco Zarapico
Culeco Yagüasa
Culeco Sucio
Culeco Regalado
Culeco Guardado
Culeco Nomeolvides
Culeco Estrecho
Culeco Muerde y Huye
Gordo
Feíto
Cabezón
Alto
Secoseco
Culeco Culeco, porque a la vuelta vuelta
se empataron dos Culeco. La lista de los
Culeco es tan inmensa que ya no se sabe
a ciencias ciertas por dónde andan los
Culeco. (Con el dedo índice señala a
uno del público; resuelto y acusador, se
dirige hacia él.) Su carné de
identidad, por favor. (Después de
examinarlo.) ¡El último de los
Culeco! (Devuelve el carné.)Del
que tengo noticias es de Justo Culeco
Valeriano, a quien el pueblo terminó en
llamarle Valeri. No sé, porque perdió
el... ano. A mí, por suerte, los Culeco
me tocaron de soslayo. Parientes tan
lejanos que no me pueden seguir los
pasos, si no eso de los Culeco me
hubiera creado un trauma: Ildefonso
Sierra Culeco. Aunque todo el mundo con
Culeco o sin Culeco tiene su trauma a
cuesta. (Transición.) Cuando mi
adolescencia muy adolescente ¡qué trauma
tan afligido! fue el que yo pasé. Me dio
por querer a los animales. Cada vez que
se perdía un animal la gente me salía a
buscar. Un día, en el velorio de Perico
Trespatas se me encarnó la chiva de
Emeregilda Campillo, Cleopatra. No había
manera de que la dichosa chiva me dejara
tranquilo. Si iba para el patio allá iba
Cleopatra. Y así era con todos los
animales de los corrales del batey. Los
vecinos salían en manifestación a
buscarme. Pero Guampampiro Timbereta,
sabio y profeta del pueblo de ...
Pinganilla, primero dijo que eso era un
caso de zofilia congénita porque mi
tatarabuelo Victoriano (que ese sí no
perdió el... ano), también padecía de
ese atributo atribulado. Después de
descartar ese diagnóstico decía que yo
era algo así como el enviado de Noé para
que construyera un nuevo arca para la
salvación de las especies en el próximo
diluvio universal que se avecinaba a
pasos agigantados. Lo que le preocupaba
a Guampampiro Timbereta era la ausencia
de machos. Todos los animales eran
hembras. Entonces pensó, en voz alta:
-«¿Cómo se van a reproducir las
especies? ¡Milagro? ¡Aaaahhhh!, dijo con
voz de trueno: ¡milagro! ¡El milagro!»
Reflexionó profundamente: «que las cosas
que son son y si son son y si no son,
son son. (Pausa.) Cada vez que
veo una yegua me acuerdo de mi yegua:
¡Salomé! ¡Que San Pedro la tenga en la
santa gloria! Más San Juan que San
Pedro. Era dorada, de buen paso y buena
cría. (Con añoranza.) Caminaba
como una señorita. En la orilla del río,
de... Pinganilla, me la encontré
desencacarajicada un día. Sin mucho
brollo ni embrollo me la llevé conmigo y
armamos la maraña de Mariana Magaña. Le
di de comer malanga, güagüí y yuca. Pero
lo que más le gustaba a Salomé era la
yuca. No había cosa más agradable, ni de
más grato sabor que la yuca que yo le
daba. Pero un día, como son las cosas
cuando son del alma, no le pude dar más
yuca y le di platanito. Empezó a
corcovear y a engurruñarse. Se puso
brava como cañabrava. Torció el rabo,
con ávido desencanto me miró y, con la
expresión más expresa y melancólica del
mundo, se desencacarajicó completa.
Muchos días estuvo desencacarajicada
así. Pero una mañana, en que la mañana
estaba más enmarañada que nunca:
La pobre amaneció
en un gravísimo estado:
el vientre un poco inflamado,
desgano, vomitadera,
agotamiento, flojera
y el rabo, medio erizado...
Salí corriendo a buscar al veterinario:
-¡Doctor, doctor!
El célebre doctorazo me dijo:
-¡Lagarto!, según me cuentas
es un tremendo embarazo.
-¿Embarazo...? ¿Embarazo...?
No puede ser embarazo.
-Entonces,
empújale un jeringazo
de vitamina B pura
para que se ponga dura
y tráigala para acá,
si no se mejora, habrá
que sacarle la criatura.
- ¿Embarazo? ¿Criatura? ¡No puede ser
tal milagro!
El pueblo de Pinganilla empezó a formar
sus longanillas de chisme, brollos y
bretes: Chichi, Chacha y Chucha,
desataron sus lenguas e chucho. Rosa
Rizo y Pepe Peña torcieron sus dimes y
diretes y pusieron mi conducta en
¡tremendo brete! Cuando al establo
llegué a ver a mi Salomé... estaba más
tétrica que pelética, más pimpluda y
peluda. ¡Pilimpimplética estaba la muy
pilimpluda! ¡Aaaahhh! ¡Repite el pique
repique! ¡Mi Salomé se murió! ¡Repique
el pique repite que esta carta me dejó:
Querido Lagar:
Sucede ser que una noche
después que me prometió
mil cosas, me deshonró
el potro e Juanito Roche.
Sentida de tal reproche
pensé tomarme un veneno
y lo hice, pero bueno,
Lagartico, si muero, ahí te dejo
tu serón y tu aparejo,
tu gurrupianga y tu freno.
Y con la carta de Salomé los dimes,
diretes y bretes del pueblo de
Pinganilla cambiaron el semblante de
esta historia, que con tan gemir tonada
he entonado.
(Transición.)
¡De tiple, tenor y güiro es mi tonada y
mi estilo! Otro tiempo, ¡tiempo aquel!,
era y otra mi inspiración. De tropezón
en tropezón, muy cosquilloso y
resbaloso, he cabalgado mi vida. (A
alguien que encuentra en un lugar de su
memoria, o a algún imaginario espectador
de mascarada y barniz.) ¿Tú eres muy
inteligente o te la das de inteligente?
¿Eh? No tengas miedo que no te voy a
robar tu inteligencia. Eso es lo único
que el hombre no puede robarle al
hombre, ni trasplantar. ¿Tú imaginas lo
que sería este mundo con trasplante de
inteligencia? Te puse la carne de
gallina, ¿eh? ¡Ríete! ¡Ríete! Es
contrario a las buenas costumbres no
reírse cuando alguien trata
desesperadamente hacer reír. ¡Ríete!
(Filosófico.) ¡Tú no sabes que el
hombre incapaz de reír no solamente es
apto para la traición, sino que su vida
entera ya es una traición? ¡Ríete! Y no
pongas cara de inteligente que voy a
poner en evidencia que tú eres un
traidor.
¡Que en este mundo traidor
nada es verdad ni mentira,
todo es según el color
del cristal con que se mira!
¡Cierto es! Por eso cuando yo quiero ver
la vida color de rosa me pongo los
espejuelos rosa. ¿Verde? ¡Verde! ¿Azul
celeste? ¡Azul celeste! ¿No quiero ver
la vida? ¿No la quiero ver? (Se tapa
los ojos con las manos.) ¡Y que
venga lo que venga! ¡A mí plim! En un
final la finalidad del hombre superior
es ver lo que quiere ver y no lo que los
demás quieren que uno vea. (Sin
quitarse las manos de los ojos.)
Pero como yo soy un optimista optimizado
me pongo los espejuelos que me da la
gana: ¡Rosa, rosa, rosa!
(Tararea muy quedo y con desgano «La
vida en rosa». Se descubre lentamente
los ojos. La mirada triste se trasmuta
en mirada dolorosa. Silencio profundo.
Con un rapto de rabia vuelve a extraer
de su cuerpo una botella de ron
imaginario. Se da un trago largo. Con
conciencia plena.)
Yo no quiero ruñidera
ni capullo de alelí.
Lo que quiero es ron aquí
aunque mañana me muera.
(Con prisa y tropel reverdece la
angustia. Va a beber de nuevo; pero se
arrepiente, descubre entre los
espectadores a una mujer.)
¿Qué edad tiene Ud., preciosa?
(Después que le dice la edad.)
¡Bravo! ¡Un aplauso bien aplaudido para
esta madama honesta que ha dicho su edad
sin inmutarse siquiera! (Aplaude.
Después de un leve silencio.)
Señoras y señores: «Nunca se debe
confiar en una mujer que le dice a uno
su verdadera edad. La mujer que la dice
sería capaz de decir cualquier cosa.»
(Transición.) Pero hablemos de cosas
serias y profundas, aunque no
encontremos el fondo. No importa.
Mientras más profundas son las cosas y
no llegamos a su fondo más las cosas
profundas son. Por eso a mi me gusta
hablar con profundidad. (Entre los
espectadores descubre a una mujer de
sonrisa sincera. Galante y jovial se
postra ante ella.)
Cuando te pidan amor
tarda mucho en contestar:
amor que pronto se da
pronto se llega a olvidar.
(Teatral.)
¡Peregrino fui! Y muchas veces la vida
resabiosa y presumida me ha echado
encima todo su berrinche y burundanga.
Rones raza maldita
del hombre la perdición,
pero qué sabrosos son
cuando se les necesita.
(Se da un trago largo de una botella de
ron imaginaria. Un agudo dolor en el
hígado lo dobla. Poco a poco se
recupera.)
Hay tres circunstancias bochornosas en
esta vida.
(Muestra un dedo.)
Ser sorprendido acostado con una mujer
antes de haber satisfecho el deseo.
(Muestra dos dedos.)
Ver una declaración de amor rechazada
por una mujer fea.
(Muestra tres dedos.)
Acostarse al lado de una mujer que te
deja con el deseo para irse a acostar
con el hombre que ella prefiere.
(Le sobreviene la angustia. Seducido por
los recuerdos da rienda suelta a sus
vivencias y emociones. Baila con un
taburete, como si bailara con una mujer,
en plena intimidad. Idílico, tierno,
sensual y, ¡por qué no?, sexual. Como
quien sale de una pesadilla trunca,
bruscamente el ensueño. Vuelve a la
realidad.)
El último que se entera es el marido.
¡Ñinga! Se equivocó conmigo el refrán.
El primero que se enteró fui yo:
Mi Rufina se enfermó
del corazón en La Habana
y el médico una mañana
vino y la reconoció.
El vestido le quitó,
blume, sayuela y refajo
y yo al ver este relajo
pensé: esto no me conviene
porque que yo sepa
mi mujer no tiene
el corazón tan abajo.
Pero mientras pensaba pensaba
requetepensaba en este extrañoso asunto.
El chisme se recibió como a las tres de
la tarde, cuando mataron a Lola;
formándose gran alarde de lo que a mí me
pasó. Rufina se me fugó con el médico
que tenía. ¡Descobijaste mi vida sin
dejarme un acotejo.
Si yo no era de tu agrado
tampoco era obligación,
es tuyo tu corazón
y libre también tu pecho.
Pero no tenías derecho
a hacerme esa mala acción.
Perdí la razón de todo,
tan alocado yo estaba
que al revés todo la hacía:
echaba azúcar al tasajo
y echaba sal al café.
Nombraba al perro José
y a mi hermano Vigilante.
Echaba al tibor luz brillante
y me orinaba en el quinqué.
Me quedé pobre y raído, fatal,
deshonrado y harapiento de un profundo
padecer. Sin esperanza ninguna. En ripio
mi sentimiento quedó, como el dagame
cuando lo desgaja el viento.
(Reverdece el pasado, Intenta ahorcarse,
se arrepiente.) ¿Y qué hice?
Puse a mi suegra a arar,
las gallinas a ladrar,
los perros a poner huevos,
a guataquear a los gatos,
pulgas a arrancar cañuelas
y los piojos hacer zapatos.
(Crece la angustia y el desespero.)
Si tienes mujer hermosa
que tenga modo e vivir,
me la pueden seducir
paque sea maliciosa.
Y si es fea y horrorosa
ningún señor la desea,
por eso salgo a buscar
una tuerta, coja y fea.
¡Pa su escopeta!
(Con otro aire y otro tono para el
desentono.)
Pero como soñador yo soy volví a mi
nuevo esplendor, con más firmeza e
ilusión. ¡Amores revueltos tuve que
nadie pudo alcanzar! Inés, María,
Isabel, Juana y su hermana. En amores
¡una fortuna! A rosa, a Rufina...
(Retorna el recuerdo.)
Rufina, ayer te conocí
en la miseria metida
y hasta dispuse mi vida
para protegerte a ti.
Te separaste de mí
y me doy por bien servido.
Antes, por ser tu marido
daba toda mi pasión
y hoy diera hasta el corazón
por no haberte conocido.
¡Maligna mujer! ¡Yagüasa! ¡Guajacona!
Con placer me coronaste, ¡eh? ¡Ríete,
coño, ríete! Y yo con Juana trapiche te
coroné también. (Pueril.) ¡Ah,
qué glúteos más gluteosos eran los
glúteos de Juana! ¡Cómo gluteaba sus
glúteos Juana al andar! ¡Con su
rebordillín rebordo rebordado hasta el
rebordillín del rebordo del cubo
gluteaba sus glúteos Juana al andar. ¡Mi
amor la engafrigrafó todita con mi
gafigafo gafigafito! Te chirispé bien,
¿verdad, Juana trapiche? Trapiche no.
¡Centrífuga! Cuando caía yo en esa basta
humanidad humanística me humanizaba
tanto con su humanidad que mi humanidad
se torcía y se convertía en guarapo de
cajones, brollos, pollos. ¡Combates
epilépticos aquellos en que nos
epileptizabamos! Y después te echabas
toda la risa que te salía del alma.
(Silencio profundo. Añoranza.)
Paso la hoja y en la otra de mi extensa
lista hallé a Teresa mira quién viene.
El que come bueno y malo como doble y
nunca se va en blanco. Y yo jamás de los
jamases me fui en blanco.
(Alardoso como no hay dos.)
¡Jamás de los jamases! Ni aún en la
movilización al campo cuando me embrollé
seis meses con el marabú embrollado.
Siempre le puse a la i su punto arriba.
Preciso y necesario, justo y
circunstancial me cayó Wilfre.
(Se interrumpe, queda en pose «más
tranquilo que estate quieto».)
¿Qué brollo conmigo embrollado? Un
resbalón lo tiene cualquiera embrollado.
En el campo no se vale. (Estalla.)
¡Yo soy un texto íntegro! El que se me
haya ido una errata no quiere decir que
mi discurso no está bien escrito.
(Guapo.)
El gallo que se alevanta
y quiere cantar aquí,
cantará después de mí,
de lo contrario no canta.
¡Ah, mi Ruina!
Para qué yo habré gastado
paciencia, pluma y papel
para al fin venir a ser
de tus manos despreciado.
(Filosófico.)
Desgraciadamente los placeres placeres
son los que más placeres nos deleitan y
los mejores placeres placeres de este
mundo no son completamente puros
placeres. La vida, como dice Voltaire,
es un juego de azar y yo digo: ¡un juego
de azar y de placeres! (Transición.)
¡Eché divorciada de mi cama la vieja y
estéril razón, y tomé por esposa a la
hija del ron! ¿Beber o no beber? ¡He ahí
la jodientina de la jodienda jodida! ¿Te
jode el trago o no te jode el trago? ¿Si
no te jode el trago para qué dicen que
te jode el trago? ¡Y si te jode el trago
para qué dejarse joder por lo que jode
el trago? A menos que lo que jode el
trago sea una jodedera y no una
jodientina. ¿Es bueno joderse por un
trago antes de haber hecho algo que
merezca que te jodan? Nunca se ha podido
de un trago aquel que no está dispuesto
a joderse por un trago. Es decir, si yo
no tomo un trago dispuesto a joderme no
me jodo; pero si me tomo el trago sin
estar dispuesto a joderme, me jodo. ¡Qué
jodienda más jodientina es esta jodienda
jodedora del trago jodedor.
(Extrae de nuevo la botella de ron
imaginaria. La observa con fruición.)
Nunca te había visto en medio de tanta
jodientina jodedora en tan lamentable
estado jodedor. ¿Joder o no joder? Es
parte esencial de la reflexión de los
jodedores. ¿La mula tumbó a Genaro o
Genaro tumbó a la mula? ¡Col caracol y
ajo; ajo caracol y col! ¡El gran desafío
de esta época jodedora es: más tarde o
más temprano lo joden a uno. Yo soy en
esta jodientina jodedora un jodedor
dispuesto a joderse. ¡Col caracol y ajo!
El mundo se ríe de mí sin saber de quién
se ríe. El mismo que he sido soy.
(Trágico.) En ese mundo podido
retranquero relajo jodedor todo es
brollo y nada es brollo.
(Retador.)
Por eso:
Tres bolos pollos peludos,
tres peludos pollos polos.
(Con su entonada tonada enramada de
tristeza y pena, solitario, canta.)
Te voy a formar un nudo
por ver si lo zafas solo. (Repite.)
De un peludo bolo pollo,
de un pollo bolo peludo.
Como soplo de aire fresco emprende la
salida Lagarto Pisabonito; con mezcla de
frustración y angustia serpentea su
andar. Sin atropellar sus pasos avanza
con reacciones fluidas y espontáneas.
Nada de hostilidad en su proyección. A
mitad del camino se detiene; da ahora a
la impresión que titubea entre irse o
quedarse y que, de un momento a otro va
a caer estrepitosamente. En esa casi
danza del equilibrio la angustia por no
caer se hace cada vez más intensa,
tragicómica. Sobre esa incesante lucha
la luz que lo ilumina se va extinguiendo
lentamente hasta el apagón. |