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Lagarto Pisabonito

Eugenio Hernández Espinosa

A manera de prólogo.

Actor-presentador: Por el camino más largo, que nadie le ha visto el fin, viene Lagarto Pisabonito; lleno de puro gozo viene. En curvo y garabato andar anda y desanda su andar, como hombre de cierta historia, de conducta y buena estimación. Pantalón y camisa todo de verde limón, sombrero de jipijapa y corbata colorá, adornan su atuendo que otro tiempo, ¡tiempo aquel!, ostentara con orgullo y presunción.

(Acompañado de una tonada campesina como un conjuro litúrgico, invoca la presencia en escena de Lagarto Pisabonito.)

Te voy a formar un nudo

por ver si lo zafas solo

(Lo busca con la vista. Al fin lo ve allá, en lontananza, en donde mece la brisa el blanco güin de la caña, lo encuentra y lo desencuentra. Como una invocación canta para precipitar su advenimiento.)

de un peludo pollo bolo

de un bolo pollo peludo.

¡Jip... Jip...  Jip...!

(Lo siente venir. Su cuerpo todo se contorsiona. Cae en trance, como cuando un espíritu se monta en una persona. Da violentamente un giro sobre su propio eje. Lagarto Pisabonito, en estados intermedios de éxtasis, se le adentra lentamente, se apodera de todo su cuerpo: pies, piernas, brazos, manos, caderas, torso, rostro, ojos, mente.)

¡Jipijapa de la jipijapería! ¡Llegué yo!

(Cual ritos de fertilidad agraria y de resurrección, aparece en el Actor-presentador, Lagarto Pisabonito.  Gallonea (de gallo) su andar por toda la escena. Festivo, ceremonioso, litúrgico. Orgulloso de su vestimenta y atavíos típicos del guajiro gallardo y figurín: mezcla presente y pasado. Ejecuta su andar característico, con peculiar y singular andamiaje, semejando una imperceptible danza coreográfica, como si lo acompañara siempre una tonada guajira. Guía y dirige sus andares y ademanes. Con cierta solemnidad se exhibe. Cual sonido de campanas de bronce suena su alegría y sandunga; como si hubiera creado toda la alegría del mundo saluda en su andar.)

¡Vengo de muchas partes y de muchas partes vengo y sigo viniendo vengo con gusto y venturoso gusto vengo! ¡Buscando vengo y huyendo vengo y entre huyendo y buscando o entre buscando y huyendo con nuevos giros, tinos y desatinos, se suelta la rienda el potro, porque, con el regular del tiempo andando, todo el mundo buscando y huyendo meten su cuchara, su cuchareta y cuchufleta! De modo que en este acotejo acotejado vengo con mi jícara de cacarajícara muy descacarajicada jícara y el que la desencacarajique jique se la pagaré por ser un buen desencacarajicador de jícara desencacarajicada! (Transición.)

¡Querido público: salud y entendimiento para todos los que acompañarme acompañados vienen conmigo o sinmigo a ver como:

Pepe Peña

Pela papa

Pica piña

Pita un pito

Pica piña

Pela papa

Pepa peña.

(Transición.) Cambio de estilo y me acotejo muy acotejado en este acotejo cotejo con maraña enmarañada, melodioso e impreciso. No pido tanto su beneplácito como su atención más esmerada. Prefiero ser comprendido a ser admirado. Prefiero ser admirado que ser ignorado. Prefiero ser ignorado a no ser entretenido. No importa que mi invención esté ida de rosca para serles entretenido. Como a todo autor le complace siempre su propia obra, a mí me complace siempre lo que siempre hacer hago: ¡comer de lo que pica el pollo! ¡No,no,no! No es para que ustedes lo coman junto conmigo. Pero como por suerte o por desgracia su anfitrión seré y ustedes mis comensales, pues, lo único que brindarles puedo en este anfitrionaje anfitrión que yo anfitroneo es: ¡comer de lo que pica el pollo! (Se quita el sombrero en señal de complacencia.) Sin complejo la calvicie que es señal de inteligencia, dicen con mucha razón. Mientras más calvo sea el hombre más inteligente y, por supuesto (Con marcada intención.) más ¡es! ¿Es? Bueno, el pelo se puede caer, pero... ¡es! (Transición.)

Yo no tengo una carrera

de médico o abogado

pero sí un verso adecuado

puedo sacarle a cualquiera.

                                               Supuesto que yo nací

                                               para divertir el mundo

                                               empezaré yo por mí.

Y como ven así

con tipo de escarabajo

pero a mujer que le fajo

me dice siempre que sí.

¡Ah... ah... ah....! Tengo hoy la autoestima estima muy estimada. Tan muy estimada tengo la estima muy estimada estima que

Cuando salgo por ahí

me dicen hasta buen mozo.

Yo no soy muy alabancioso,

pero si mi amor convida

puedo decir que en la vida

temba soy, pero sabroso.

¡Sabroso sabroseao! Y cuando se llega al caso tengo de todo un poquito: ¡Vacílenme el envoltorio! (Se muestra como en bandeja.) Sin trucos, ¿eh? (Con marcada intención.) ¡Con un talento y... una imaginación, que le traquetea! Por eso:

Soy como la pimienta

de esa que viene en latica

que el que la masca se pica

y el que la traga revienta.

(A una mujer del público, coqueto y zalamero, con dignidad donjuanezca.)

Tus labios brindan caricias,

tus ojos brindan desdén.

Cuando unos dicen vete,

los otros me dicen ven.

¡Arráscame y trágame, nena! (En sus tinos y desatinos giros pierde el equilibrio y el compás. Controlándose.) Perdiendo estoy la presencia presentada a los presentes presentados. ¿Estoy en nota o no lo estoy? En nota estoy y no en nota estoy. Beodo estoy. Esa es la cosa. (Compuesta la descompuesta figura.) ¡Aquí, en cuerpo vivo, en desafiante desafío vivo! Y digo y decir digo, con redecir redigo digo que hay quien le da lo mismo hilo blanco que pan negro; pero a mí no me da lo mismo. Cada cual juega su baraja. Yo con el pan siempre siemprito. Allá tú que eres como el guanajo que  se queda donde lo coge la noche; pero compa compito compay, una cosa es con guitarra y otra cosa es con violín. El chivo es serio y come papel. Allá el que quiera ser chivo. Cada hombre es un mundo. Pero no cada mundo es un hombre; porque no porque el grillo es maromero, ni porque el marinero salte es grillo. Aunque yo conozco a un maromero que  le dicen grillo. Pero porque le digan grillo al maromero no el grillo es maromero. Conclusión: La vida es un cacharro cachurriento. Y ¿qué yo se de tu cacharro cachurriento? Nada. ¿Entonces...? Cachurriemos el cacharro cachurriento que si el cacharro cachurriento se rompe no se compone el cacharro cachurriento y cada cual con su destino porque al que le tocó le tocó. ¿Quién soy yo que no eres tú y sin quererlo tú yo soy que no eres tú? ¡GUAJIRO SOY!  ¡Y nací del pueblo de Pinganilla!

Mi mamá me tuvo a mí

en una noche sombría

marzo diecinueve el día

del mil novecientos treinta y tres.

Y yo de nombre saqué

Ildefonso Sierra García,

alias Lagarto, después.

Cuando yo era chiquitico

un día me desnudé

y en el suelo me senté

en un espejo chiquito

y me vi tan graciosito

que llamé a mi mamá

y le dije: ven acá, mamá,

¿a mí me falta un botón,

o tengo un ojal de más?

¡Leopoldina García Santa Cruz, mi mamá! ¡Que Dios la tenga en su santa gloria! Cacareaba y cacareaba antes de que yo nacer naciera: «Mi hijo será un Rodolfo Valentino». Vieja  cará, la vida cachurrosa cachurrienta nos jugó una mala pasada. Ni yo soy Rodolfo y mucho menos Valentino. Así es de cachurrosa cachurrienta la vida: por mucho que arree el cochero, siempre le coge la noche. (Pausa.) Como mi madre no pudo amamantarme, contrató a la vecinita de enfrente. (Canturreando.) «La vecinita de enfrente, ¡parapán!» Con sus dos piezas de artillería, dispuesta siempre a disparar, me amamantó hasta que cumplí los quince años y me desarrollé completo. Por eso tengo la boca como capullito de alelí, ¡así! (Pone la boca como un capullito de alelí.) Muy persistente era yo en la lactancia, ¡siempre pegado a la teta! ¡Candela, que ahúman gato! Hasta que me independizaron de esa ansiada y prolongada lactancia. Así es la vida de infortunada. Cuando más acostumbrado está uno a las costumbres, más se empeñan en desacostumbrarlo a uno de las costumbres acostumbradas. Y yo me pregunto: ¿si se desacostumbra a la costumbre con tan persistente desacostumbramiento, qué pasará entonces con las costumbres acostumbradas? Por eso soy un desvalido, un despojado. ¡Me quitaron la tetada! ¡Vecinita, qué presente te tendré hasta que el día de morir! Quizás parezca raro vestir como yo visto. ¿Es delito, ofensa alguna, vestir como yo visto? Todo hombre ha de saber que si visto como yo visto es porque me da la gana de vestir como visto, y  no por eso me dicen Lagarto, que según los culturosos prendidos a  Larousse, es hombre astuto y taimado: pero para los sitieros trilleros de piojillos soy Lagarto por el mucho laguer que tomaba. ¡Tomé tanto laguer en mi repuñetera vida que a mil millas la gente me olían venir! ¡Avemaría caramba burundanga! Sudaba laguer, meaba laguer... Después, con la pila de años que se me echó encima, me dio por el ron. Ron bueno, primero. Gualfarina después, como es natural. (Transición.) Donde falta el ron no es grata la diversión. (Como por arte de magia extrae de su cuerpo una botella de ron imaginaria. Bebe.) El facultativo facultoso me dijo:

-Lagarto, si Ud. quiere vivir un tiempo más ni la huela, ¿okey?

-(Ofendido.) ¿Sabe Ud., facultativo facultoso, cuál es para mí la satisfacción más grande? ¡Vivir con placer! ¿Y... qué es el placer, facultativo facultoso? ¿Qué es el placer? «¡La ausencia de dolor en el cuerpo y de inquietud en el alma!» (Estalla en una carcajada sarcástica.)

Al otro lado del río

mi tío tiene un quijonal.

Yo busco y cojo quijones

del quijonal de mi tío.

Quien necesita saber lo que no se debe saber no sabrá nunca saber lo que  saber no debe saber porque el que sabe no es el que todo lo sabe sino el que sabe donde está lo que no sabe. (A uno del público; agresivo, pero respetuoso.) Y, ¿sabes tú dónde está lo que no sabes? (Inquisitivo.) ¡¿Eh, eh, eh?! En el rebordillín del reborde del ojo del borde del fondo del cubo está lo que tú no sabes y quieres saber. Por eso tú no desembrolla un brollo como yo desembrollo un nudo:

Tres bolos pollos peludos,

tres peludos bolos pollos.

¡Ñooo! No sé por qué tengo tanto embrollo con los bolos pollos peludos. Primero me conformaba con un bolo pollo peludo; ahora con tres bolos pollos peludos. ¡Concho! ¿Hasta dónde me va a llevar esta obstinación obstinada de los bolos pollos peludos? (A uno del público.) ¿A ti no te obstina la obstinación obstinada de los bolos pollos peludos? Si sigo obstinado en mi obstinación obstinada de los bolos pollos peludos terminaré con querer tener todos los bolos pollos peludos. Y, entonces, ¿qué haré con mis colchones y mis cajones? Si atiendo los colchones se me caen los cajones y si atiendo los cajones se me caen los colchones, y ¿qué es mejor para mí, los colchones o los cajones? No vamos a ser tan individualistas, ¿eh? Formulemos mejor el brollo para desembrollar el nudo. ¿Qué es  mejor para los bolos pollos peludos, los colchones o los cajones? Me parece, me parece que para los bolos pollos peludos son mejores los cajones que los colchones. Entonces no hay más que hablar. Dejo a un lado los colchones y me cargo los cajones y así mi tío Trimbambo Chiripazo Potriquín que estira el rabo y encoge la crin tendrá que conformarse con su catatrepa y sus siete catatrepitos. (Triunfal.) ¡A juncar junqueira de la junquería¡ (Transición.) Ah... ah... ah... Mirando mirando, ¿qué veo? ¿A Tadeo? No... veo a un chino cajonero con sus cajas y cajones. ¿Y para qué viene un chino cajonero con sus cajas y cajones? Pues si él me tira las cajas yo le tiro mis cajones. ¡Vivan mis cajones! ¡Pardiez! ¡Qué de cajones hay en esta fermosa terra! Mirando mirando otra vez. ¡Qué camino majadero enyugado pinto guareadeado y vallo veo! ¡Pardiez! Pardiez no. ¡Coñó! ¡Un sapo con espejuelos a la orilla de un laurel? Y allá en el otro extremo:

A Goyito el cocinero

cocinando mandinga

y machacando el ajo

con la cabeza de...de...de... la, la... espumadera.

(Transición.) Pues bien, como le iba a decir diciendo: ¡De Pinganilla soy! Todo hombre de prosapia, y yo soy hombre de prosapia, tiene su árbol genealógico:

Mi tía Jacinta Borbolla

natural de Candelaria

y presidenta honoraria

del gremio de la cebolla.

Casóse con Don Secunto Culeco quien, en su fatua altanería, quiso patentizar su estirpe en su apellido Culeco y, a prueba de firmeza corajuda, tuvo con Jacinta Borbolla, gemelos: Bruno y Santiago Culeco Borbolla. Bruno Culeco Borbolla casóse con Rosalía Colorao quien le dio un hijo: Estanislao Culeco Colorao. Santiago Culeco Borbolla con Zeferina Caliente y tuvieron, para frustración de don Secunto Culeco, una hija: Manuela Culeco Caliente. En esta rama del árbol genealógico los Culecos quedaron en Caliente. Sin  embargo, en Bruno Culeco la rama se ramificó de tal manera que se expandió por montañas y llanos, villorrios y ciudades. Los Culeco se expandieron con exuberante vehemencia por toda la Isla. Desde el Cabo de San Antonio hasta la Punta de Maisí: Camajuaní, Lagunilla, Tararacos (donde están los viejos flacos de rascarse la nariz),Potrerillo, Jatibonico, Aguacate. A los Culeco de Aguacate le pusieron los Culecos melodiosos, no sé por qué. Intuyo. Así los Culeco entronizaron su apellido. Pero como en algunos pueblos no siempre llaman a la gente pos sus apellidos, sino por los apodillos que identifican a las familias, empezaron a proliferar apodillos de todo tipo:

Culeco Zarapico

Culeco Yagüasa

Culeco Sucio

Culeco Regalado

Culeco Guardado

Culeco Nomeolvides

Culeco Estrecho

Culeco Muerde y Huye

Gordo

Feíto

Cabezón

Alto

Secoseco

Culeco Culeco, porque a la vuelta vuelta se empataron dos Culeco. La lista de los Culeco es tan inmensa que ya no se sabe a ciencias ciertas por dónde andan los Culeco. (Con el dedo índice señala a uno del público; resuelto y acusador, se dirige hacia él.) Su carné de identidad, por favor. (Después de examinarlo.) ¡El último de los Culeco! (Devuelve el carné.)Del que tengo noticias es de Justo Culeco Valeriano, a quien el pueblo terminó en llamarle Valeri. No sé, porque perdió el... ano. A mí, por suerte, los Culeco me tocaron de soslayo. Parientes tan lejanos que no me pueden seguir los pasos, si no eso de los Culeco me hubiera creado un trauma: Ildefonso Sierra Culeco. Aunque todo el mundo con Culeco o sin Culeco tiene su trauma a cuesta. (Transición.) Cuando mi adolescencia muy adolescente ¡qué trauma tan afligido! fue el que yo pasé. Me dio por querer a los animales. Cada vez que se perdía un animal la gente me salía a buscar. Un día, en el velorio de Perico Trespatas se me encarnó la chiva de Emeregilda Campillo, Cleopatra. No había manera de que la dichosa chiva me dejara tranquilo. Si iba para el patio allá iba Cleopatra. Y así era con todos los animales de los corrales del batey. Los vecinos salían en manifestación a buscarme. Pero Guampampiro Timbereta, sabio y profeta del pueblo de ... Pinganilla, primero dijo que eso era un caso de zofilia congénita porque mi tatarabuelo Victoriano (que ese sí no perdió el... ano), también padecía de ese atributo atribulado. Después de descartar ese diagnóstico decía que yo era algo así como el enviado de Noé para que construyera un nuevo arca para la salvación de las especies  en el próximo diluvio universal que se avecinaba a pasos agigantados. Lo que le preocupaba a Guampampiro Timbereta era la ausencia de machos. Todos los animales eran hembras. Entonces pensó, en voz alta:

-«¿Cómo se van a reproducir las especies? ¡Milagro? ¡Aaaahhhh!, dijo con voz de trueno: ¡milagro! ¡El milagro!»  Reflexionó profundamente: «que las cosas que son son y si son son y si no son, son son. (Pausa.) Cada vez que veo una yegua me acuerdo de mi yegua: ¡Salomé! ¡Que San Pedro la tenga en la santa gloria! Más San Juan que San Pedro. Era dorada, de buen paso y buena cría. (Con  añoranza.) Caminaba como una señorita. En la orilla del río, de... Pinganilla, me la encontré desencacarajicada un día. Sin mucho brollo ni embrollo me la llevé conmigo y armamos la maraña de Mariana Magaña. Le di de comer malanga, güagüí y yuca. Pero lo que más le gustaba a Salomé era la yuca. No había cosa más agradable, ni de más grato sabor que la yuca que yo le daba. Pero un día, como son las cosas cuando son del alma, no le pude dar más yuca y le di platanito. Empezó a corcovear y a engurruñarse. Se puso brava como cañabrava. Torció el rabo, con ávido desencanto me miró y, con la expresión más expresa y melancólica del mundo, se desencacarajicó completa. Muchos días estuvo desencacarajicada así. Pero una mañana, en que la mañana estaba más enmarañada que nunca:

La pobre amaneció

en un gravísimo estado:

el vientre un poco inflamado,

desgano, vomitadera,

agotamiento, flojera

y el rabo, medio erizado...

Salí corriendo a buscar al veterinario:

-¡Doctor, doctor!

El célebre doctorazo me dijo:

-¡Lagarto!, según me cuentas

es un tremendo embarazo.

-¿Embarazo...? ¿Embarazo...?

No puede ser embarazo.

-Entonces,

 empújale un jeringazo

 de vitamina B pura

 para que se ponga dura

 y tráigala para acá,

 si no se mejora, habrá

 que sacarle la criatura.

- ¿Embarazo? ¿Criatura? ¡No puede ser tal milagro!

El pueblo de Pinganilla empezó a formar sus longanillas de chisme, brollos y bretes: Chichi, Chacha y Chucha, desataron sus lenguas e chucho. Rosa Rizo y Pepe Peña torcieron sus dimes y diretes y pusieron mi conducta en ¡tremendo brete! Cuando al establo llegué a ver a mi Salomé... estaba más tétrica que pelética, más pimpluda y peluda. ¡Pilimpimplética estaba la muy pilimpluda! ¡Aaaahhh! ¡Repite el pique repique! ¡Mi Salomé se murió! ¡Repique el pique repite que esta carta me dejó:

Querido Lagar:

Sucede ser que una noche

después que me prometió

mil cosas, me deshonró

el potro e Juanito Roche.

Sentida de tal reproche

pensé tomarme un veneno

y lo hice, pero bueno,

Lagartico, si muero, ahí te dejo

tu serón y tu aparejo,

tu gurrupianga y tu freno.

Y con la carta de Salomé los dimes, diretes y bretes del pueblo de Pinganilla cambiaron el semblante de esta historia, que con tan gemir tonada he entonado.

(Transición.) ¡De tiple, tenor y güiro es mi tonada y mi estilo! Otro tiempo, ¡tiempo aquel!, era y otra mi inspiración. De tropezón en tropezón, muy cosquilloso y resbaloso, he cabalgado mi vida. (A alguien que encuentra en un lugar de su memoria, o a algún imaginario espectador de mascarada y barniz.) ¿Tú eres muy inteligente o te la das de inteligente? ¿Eh? No tengas miedo que no te voy a robar tu inteligencia. Eso es lo único que el hombre no puede robarle al hombre, ni trasplantar. ¿Tú imaginas lo que sería este mundo con trasplante de inteligencia? Te puse la carne de gallina, ¿eh? ¡Ríete! ¡Ríete! Es contrario a las buenas costumbres no reírse cuando alguien trata desesperadamente hacer reír. ¡Ríete! (Filosófico.) ¡Tú no sabes que el hombre incapaz de reír no solamente es apto para la traición, sino que su vida entera ya es una traición? ¡Ríete! Y no pongas cara de inteligente que voy a poner en evidencia que tú eres un traidor.

¡Que en este mundo traidor

nada es verdad ni mentira,

todo es según el color

del cristal con que se mira!

¡Cierto es! Por eso cuando yo quiero ver la vida color de rosa me pongo los espejuelos rosa. ¿Verde? ¡Verde! ¿Azul celeste? ¡Azul celeste! ¿No quiero ver la vida? ¿No la quiero ver? (Se tapa los ojos con las manos.) ¡Y que venga lo que venga! ¡A mí plim! En un final la finalidad del hombre superior es ver lo que quiere ver y no lo que los demás quieren que uno vea. (Sin quitarse las manos de los ojos.) Pero como yo soy un optimista optimizado me pongo los espejuelos que me da la gana: ¡Rosa, rosa, rosa!

(Tararea muy quedo y con desgano «La vida en rosa». Se descubre lentamente los ojos. La mirada triste se trasmuta en mirada dolorosa. Silencio profundo. Con un rapto de rabia vuelve a extraer de su cuerpo una botella de ron imaginario. Se da un trago largo. Con conciencia plena.)

Yo no quiero ruñidera

ni capullo de alelí.

Lo que quiero es ron aquí

aunque mañana me muera.

(Con prisa y tropel reverdece la angustia. Va a beber de nuevo; pero se arrepiente, descubre entre los espectadores a una mujer.)

¿Qué edad tiene Ud., preciosa? (Después que le dice la edad.) ¡Bravo! ¡Un aplauso bien aplaudido para esta madama honesta que ha dicho su edad sin inmutarse siquiera! (Aplaude. Después de un leve silencio.) Señoras y señores: «Nunca se debe confiar en una mujer que le dice a uno su verdadera edad. La mujer que la dice sería capaz de decir cualquier cosa.» (Transición.) Pero hablemos de cosas serias y profundas, aunque no encontremos el fondo. No importa. Mientras más profundas son las cosas y no llegamos a su fondo más las cosas profundas son. Por eso a mi me gusta hablar con profundidad. (Entre los espectadores descubre a una mujer de sonrisa sincera. Galante y jovial se postra ante ella.)

Cuando te pidan amor

tarda mucho en contestar:

amor que pronto se da

pronto se llega a olvidar.

(Teatral.) ¡Peregrino fui! Y muchas veces la vida resabiosa y presumida me ha echado encima todo su berrinche y burundanga.

Rones raza maldita

del hombre la perdición,

pero qué sabrosos son

cuando se les necesita.

(Se da un trago largo de una botella de ron imaginaria. Un agudo dolor en el hígado lo dobla. Poco a poco se recupera.)

Hay tres circunstancias bochornosas en esta vida.

(Muestra un dedo.)  Ser sorprendido acostado con una mujer antes de haber satisfecho el deseo.

(Muestra dos dedos.) Ver una declaración de amor rechazada por una mujer fea.

(Muestra tres dedos.) Acostarse al lado de una mujer que te deja con el deseo para irse a acostar con el hombre que ella prefiere.

(Le sobreviene la angustia. Seducido por los recuerdos da rienda suelta a sus  vivencias y emociones.  Baila con un taburete, como si bailara con una mujer, en plena intimidad. Idílico, tierno, sensual y, ¡por qué no?, sexual. Como quien sale de una pesadilla trunca, bruscamente el ensueño. Vuelve a la realidad.)

El último que se entera es el marido. ¡Ñinga! Se equivocó conmigo el refrán. El primero que se enteró fui yo:

Mi Rufina se enfermó

del corazón en La Habana

y el médico una mañana

vino y la reconoció.

El vestido le quitó,

blume, sayuela y refajo

y yo al ver este relajo

pensé: esto no me conviene

porque que yo sepa

mi mujer no tiene

el corazón tan abajo.

Pero mientras pensaba pensaba requetepensaba en este extrañoso asunto. El chisme se recibió como a las tres de la tarde, cuando mataron a Lola; formándose gran alarde de lo que a mí me pasó. Rufina se me fugó con el médico que tenía. ¡Descobijaste mi vida sin dejarme un acotejo.

Si yo no era de tu agrado

tampoco era obligación,

es tuyo tu corazón

y libre también tu pecho.

Pero no tenías derecho

a hacerme esa mala acción.

Perdí la razón de todo,

tan alocado yo estaba

que al revés todo la hacía:

echaba azúcar al tasajo

y echaba sal al café.

Nombraba al perro José

y a mi hermano Vigilante.

Echaba al tibor luz brillante

y me orinaba en el quinqué.

Me quedé pobre y raído, fatal, deshonrado y harapiento de un profundo padecer. Sin esperanza ninguna. En ripio mi sentimiento quedó, como el dagame cuando lo desgaja el viento. (Reverdece el pasado, Intenta ahorcarse, se arrepiente.) ¿Y qué hice?

Puse a mi suegra a arar,

las gallinas a ladrar,

los perros a poner huevos,

a guataquear a los gatos,

pulgas a arrancar cañuelas

y los piojos hacer zapatos.

(Crece la angustia y el desespero.)

Si tienes mujer hermosa

que tenga modo e vivir,

me la pueden seducir

paque sea maliciosa.

Y si es fea y horrorosa

ningún señor la desea,

por eso salgo a buscar

una tuerta, coja y fea.

¡Pa su escopeta!

(Con otro aire y otro tono para el desentono.)

Pero como soñador yo soy volví a mi nuevo esplendor, con más firmeza e ilusión. ¡Amores revueltos tuve que nadie pudo alcanzar! Inés, María, Isabel, Juana y su hermana. En amores ¡una fortuna! A rosa, a Rufina...

(Retorna el recuerdo.)

Rufina, ayer te conocí

en la miseria metida

y hasta dispuse mi vida

para protegerte a ti.

Te separaste de mí

y me doy por bien servido.

Antes, por ser tu marido

daba toda mi pasión

y hoy diera hasta el corazón

por no haberte conocido.

¡Maligna mujer! ¡Yagüasa! ¡Guajacona! Con placer me coronaste, ¡eh? ¡Ríete, coño, ríete! Y yo con Juana trapiche te coroné también. (Pueril.) ¡Ah, qué glúteos más gluteosos eran los glúteos de Juana! ¡Cómo gluteaba sus glúteos Juana al andar! ¡Con su rebordillín rebordo rebordado hasta el rebordillín del rebordo del cubo gluteaba sus glúteos Juana al andar. ¡Mi amor la engafrigrafó todita con mi gafigafo gafigafito! Te chirispé bien, ¿verdad, Juana trapiche? Trapiche no. ¡Centrífuga! Cuando caía yo en esa basta humanidad humanística me humanizaba tanto con su humanidad que mi humanidad se torcía y se convertía en guarapo de cajones, brollos, pollos. ¡Combates epilépticos aquellos en que nos epileptizabamos! Y después te echabas toda la risa que te salía del alma.

(Silencio profundo. Añoranza.)

Paso la hoja y en la otra de mi extensa lista hallé a Teresa mira quién viene. El que come bueno y malo como doble y nunca se va en blanco. Y yo jamás de los jamases me fui en blanco.

(Alardoso como no hay dos.)

¡Jamás de los jamases! Ni aún en la movilización al campo cuando me embrollé seis meses con el marabú embrollado. Siempre le puse a la i su punto arriba. Preciso y necesario, justo y circunstancial me cayó Wilfre.

(Se interrumpe, queda en pose «más tranquilo que estate quieto».) ¿Qué brollo conmigo embrollado? Un resbalón lo tiene cualquiera embrollado. En el campo no se vale. (Estalla.) ¡Yo soy un texto íntegro! El que se me haya ido una errata no quiere decir que mi discurso no está bien escrito.

(Guapo.)

El gallo que se alevanta

y quiere cantar aquí,

cantará después de mí,

de lo contrario no canta.

¡Ah, mi Ruina!

Para qué yo habré gastado

paciencia, pluma y papel

para al fin venir a ser

de tus manos despreciado.

(Filosófico.)

Desgraciadamente los placeres placeres son los que más placeres nos deleitan y los mejores placeres placeres de este mundo no son completamente puros placeres. La vida, como dice Voltaire, es un juego de azar y yo digo: ¡un juego de azar y de placeres! (Transición.)

 ¡Eché divorciada de mi cama la vieja y estéril razón, y tomé por esposa a la hija del ron! ¿Beber o no beber? ¡He ahí la jodientina de la jodienda jodida! ¿Te jode el trago o no te jode el trago? ¿Si no te jode el trago para qué dicen que te jode el trago? ¡Y si te jode el trago para qué dejarse joder por lo que jode el trago? A menos que lo que jode el trago sea una jodedera y no una jodientina. ¿Es bueno joderse por un trago antes de  haber hecho algo que merezca que te jodan? Nunca se ha podido de  un trago aquel que no está dispuesto a joderse por un trago. Es decir, si yo no tomo un trago dispuesto a joderme no me jodo; pero si me tomo el trago sin estar dispuesto a joderme, me jodo. ¡Qué jodienda más jodientina es esta jodienda jodedora del trago jodedor.

(Extrae de nuevo la botella de ron imaginaria. La observa con fruición.) Nunca te había visto en medio de tanta jodientina jodedora en tan lamentable estado jodedor. ¿Joder o no joder? Es parte esencial de la reflexión de los jodedores. ¿La mula tumbó a Genaro o Genaro tumbó a la mula? ¡Col caracol y ajo; ajo caracol y col! ¡El gran desafío de esta época jodedora es: más tarde o más temprano lo joden a uno. Yo soy en esta jodientina jodedora un jodedor dispuesto a joderse. ¡Col caracol y ajo! El mundo se ríe de mí sin saber de quién se ríe. El mismo que he sido soy. (Trágico.) En ese mundo podido retranquero relajo jodedor todo es brollo y nada es brollo.

(Retador.) Por eso:

Tres bolos pollos peludos,

tres peludos pollos polos.

(Con su entonada tonada enramada de tristeza y pena, solitario, canta.)

Te voy a formar un nudo

por ver si lo zafas solo. (Repite.)

De un peludo bolo pollo,

de un pollo bolo peludo.

Como soplo de aire fresco emprende la salida Lagarto Pisabonito; con mezcla de frustración y angustia serpentea su andar. Sin atropellar sus pasos avanza con reacciones fluidas y espontáneas. Nada de hostilidad en su proyección. A mitad del camino se detiene; da ahora a la impresión que titubea entre irse o quedarse y que, de un momento a otro va a caer estrepitosamente. En esa casi danza del equilibrio la angustia por no caer se hace cada vez más intensa,   tragicómica. Sobre esa incesante lucha la luz que lo ilumina se va extinguiendo lentamente hasta el apagón.

 
© Tablas / Alarcos Casa editorial (2005)